martes 30 de junio de 2026 11:56:35

EL TEOREMA DE LA CANIBALIZACIÓN: ¿POR QUÉ MACRI SE QUEDA CON EL SELLO Y MILEI CON EL PODER REAL?

La reciente consagración de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete expone una paradoja matemática y política insoslayable: de ocho ministerios nacionales, seis pertenecen a la escudería original del PRO. Sin embargo, Mauricio Macri asiste al vaciamiento de su partido mientras el presidente capitaliza la gestión ajena.

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El ajedrez político argentino suele disfrazar de «alianzas programáticas» lo que en realidad son puras operaciones de absorción.

El desembarco definitivo de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete —quien además arrastra bajo su órbita la estratégica botonera de la relación con las provincias y los gobernadores— no es un hecho aislado, sino la confirmación de una matemática del poder real que debería encender todas las alarmas en los despachos de Vicente López.

Si se pasa el peine fino sobre el actual organigrama de la administración central, la cuenta arroja un dato contundente: de los ocho ministerios que sostienen la estructura de Javier Milei, seis están comandados por cuadros técnicos y políticos formados, paridos y consolidados bajo el ala de Mauricio Macri.

Nombres como Luis Caputo en Economía, Federico Sturzenegger en Desregulación, Patricia Bullrich senadora nacional, y ahora el propio Santilli —puenteando el andamiaje del Ministerio del Interior fusionado— demuestran que el gobierno libertario funciona gracias al motor y la tracción del PRO.

La gran paradoja radica en que esta hegemonía de funcionarios amarillos no se traduce en un gobierno de coalición, ni representa una cuota de poder para el expresidente. Todo lo contrario. Milei ha perfeccionado un mecanismo de «canibalización de abajo hacia arriba»: absorbe los mejores cuadros territoriales y ejecutivos del PRO, pero les exige una lealtad absoluta y vertical que deja a Macri fuera de la conversación.

Las apresuradas bendiciones del fundador del partido en redes sociales no hacen más que camuflar una cruda realidad: a los dirigentes los eligen por sintonía propia con el binomio Milei-Karina, no por un pacto de cúpulas.

Para el PRO como fuerza nacional, el diagnóstico entra en zona de terapia intensiva. Mientras Cristian Ritondo custodia los votos legislativos en Diputados por mera necesidad de supervivencia frente a una base electoral que ya migró hacia el universo liberal, el partido fundado en 2005 corre el riesgo inminente de transformarse en una cáscara vacía, reducida a un sello vecinal de la Ciudad de Buenos Aires.

La conveniencia individual de los dirigentes que saltan a la gestión y el temor al aislamiento político están empujando al PRO a una fusión de hecho.

En la selva de la política argentina, Mauricio Macri se encamina a descubrir que se puede ser el dueño legítimo de una marca, mientras otros se quedan con la fábrica, las máquinas y las ganancias.