FISONOMÍA DE COGOBIERN: DEGO SANTILLI JURÓ EN LA ROSADA COMO NUEVO JEFE DE GABINETE
En un acto de fuerte carga política en el Salón Blanco, el exministro del Interior asumió formalmente la jefatura de ministros. Prometió oficio y diálogo para aceitar la gestión con las provincias, en una jornada cruzada por el paro docente en Buenos Aires y el reclamo salarial en el llano. Los límites que le impone la mesa chica presidencial.
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En horas de la tarde de este martes 30 de junio, el escenario político nacional terminó de configurar la fisonomía de su nueva etapa institucional. Diego Santilli prestó juramento ante el presidente Javier Milei como nuevo Jefe de Gabinete de la Nación, en un Salón Blanco colmado por la dirigencia del PRO y los cuadros técnicos del oficialismo.
El desembarco de Sanilli al frente del organigrama ministerial es presentado por las usinas gubernamentales como una apertura estratégica y un intento de dotar de volumen político y oficio de gestión a una Casa Rosada urgida de consensos legislativos y territoriales.
La jura se produce de manera simultánea a una jornada de rigurosa tensión social en el principal distrito del país. Mientras el nuevo jefe de ministros firmaba el acta oficial, las escuelas de la Provincia de Buenos Aires permanecían vacías debido al contundente paro de 24 horas ejecutado por el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB), comandado por la FEB de Liliana Olivera.
El conflicto educativo expone de forma fáctica el bache salarial y el ahogo financiero que padece el llano, configurando el primer gran examen de mediación para el flamante funcionario.
El diagnóstico desde nuestra Redacción
Para PRISMA, la llegada de Santilli a la Jefatura de Gabinete altera la cartelera de los anuncios públicos pero deja intacto el verdadero núcleo del poder . El dirigente porteño asume una silla de altísima exposición pública, pero con una autonomía severamente recortada por el «anillo de hierro» de Olivos.
Cualquier estrategia de contención o flexibilización de recursos que Santilli intente tejer con gobernadores de la oposición o intendentes del Conurbano profundo —como el entramado que Fernando Espinoza defiende en La Matanza— chocará indefectiblemente contra la billetera inflexible de Luis Caputo y la fiscalización del binomio Menem en el Congreso.
La política tradicional ingresa formalmente al Gabinete para intentar ordenar el rumbo diario, pero las llaves del cofre y la firma presidencial siguen bajo el control hermético de la mesa chica que desconfía de la vecindad ajena.