POLÍTICA: EL FRENO DE MENEM A STURZENEGGER, LA «LEY HOJARASCA» NAUFRAGA EN DIPUTADOS
Por segunda vez, el presidente de la Cámara de Diputados no logra reunir los consensos para avanzar con el paquete de derogaciones de Federico Sturzenegger. La falta de muñeca política y las resistencias internas dejan al «desguace del Estado» en un peligroso punto muerto legislativo.
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La gestión de Martín Menem al frente de la Cámara Baja vuelve a quedar bajo la lupa del «poder real» de la Casa Rosada.
Este lunes 20 de abril se confirmó que la ambiciosa «Ley Hojarasca» —el proyecto con el que Federico Sturzenegger pretendía eliminar cientos de regulaciones consideradas obsoletas— no llegará al recinto esta semana.
A pesar de las presiones del Ejecutivo, Menem no ha podido alinear a los bloques aliados ni contener las dudas dentro de su propio bloque, lo que representa un nuevo revés para el ala técnica del Gobierno.
Mientras Milei se enfoca en la agenda internacional en Israel, en Buenos Aires la maquinaria legislativa parece oxidada, incapaz de procesar las reformas que el mercado exige como señal de gobernabilidad.
El fracaso en el tratamiento de esta ley no es solo un traspié administrativo; es el síntoma de una falta de conducción que empieza a impacientar al círculo íntimo de Milei.
Sturzenegger, el arquitecto de la desregulación, ve cómo su agenda se empantana en negociaciones que Menem no logra cerrar, dejando al descubierto la fragilidad de los acuerdos con los sectores de la oposición «dialoguista».
En un contexto donde el Gobierno ya enfrenta la presión de la Corte por los fondos bonaerenses y la bronca social por los tarifazos, la parálisis de la Ley Hojarasca le quita al oficialismo la posibilidad de mostrar iniciativa política. Para el trabajador y el empresario pyme, esta interna en las alturas es otra muestra de una gestión que gasta más energías en disputas de palacio que en resolver la parálisis de la industria metalúrgica y el desplome del consumo.
Sturzenegger, a pesar de ser el «cerebro» detrás de las reformas, sigue chocando con la realidad de la política territorial que manejan Menem y los gobernadores. Sin acuerdos de «poder real», los proyectos terminan siendo solo papeles en un escritorio.