viernes 6 de agosto de 2021 ūüēí 00:33:18
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MARADONA, LO IRRACIONAL COMO VIRTUD

POR SANTIAGO TULIAN. Hace unos a√Īos la compa√Ī√≠a Hanson Robotics logr√≥ un hito hist√≥rico al crear el primer ‚Äúrobot humanoide‚ÄĚ, al cual decidieron llamarlo ‚ÄúSophia‚ÄĚ. Lo que distingue a Sophia del resto de los robots creados hasta entonces es su aspecto y comportamiento humano. Dicho en otros t√©rminos, se trata de un robot que se comporta como un ser humano, ya que tiene gestos de la especie y es capaz de razonar como una m√°s de nosotros. A medida que pasa el tiempo y ella va incorporando nueva informaci√≥n a trav√©s de la interacci√≥n con los seres humanos aprende m√°s acerca de nosotros y logra humanizarse a√ļn m√°s. En una entrevista que le hicieron hace alrededor de un a√Īo le preguntaron sobre aquello que m√°s admiraba de nuestra especie, a lo que ella respondi√≥: ‚Äúsu capacidad de sentir, de emocionarse, de re√≠r‚Ķ‚ÄĚ. El sentimiento tiene esa cuota irracional que una m√°quina no puede racionalizar precisamente porque no lo entiende, pues, ¬ŅC√≥mo explicar un sentimiento? El sentimiento es algo que se vive, que, valga la redundancia, se siente. No hay una f√≥rmula matem√°tica que lo explique, simplemente ocurre y no se puede poner en palabras. Por ello la raz√≥n, como una forma de interpretar la realidad, viene a poner un l√≠mite a estas expresiones sentimentales; pretende poner un freno a la cuota m√°s irracional y primitiva por medio de un pensamiento instrumental: es conveniente reprimir esto para alcanzar aquello. L√≥gica pura. No existen sentimentalismos que nos impidan tomar decisiones racionales. No hay ‚Äúperos‚ÄĚ m√°s que la propia l√≥gica. Por caso, si una persona cometi√≥ un delito aberrante que ha de cumplir con su estad√≠a permanente en prisi√≥n, resulta m√°s l√≥gico asesinarlo para evitar los gastos de mantenimiento a trav√©s de los impuestos. Tan simple como eso. Hay un fin que se alcanza con un medio. Sin embargo, las cosas no son as√≠ de fr√≠as; hay cuestiones irracionales que nos impiden que prime un razonamiento puro, ajeno a la conciencia, a lo afectivo, en general, al sentimiento. Justamente por eso somos seres humanos y ‚ÄúSophia‚ÄĚ destaca esas contradicciones inexplicables que tenemos.
Hoy se muri√≥ Diego Armando Maradona y se activaron en muchos de nosotros esos reflejos primitivos e irracionales denominados ‚Äúsentimientos‚ÄĚ. Mayor contradicci√≥n despierta en las personas como quien les escribe, que fuimos detractores de Maradona durante un largo tiempo. Muchas veces los nost√°lgicos del pasado prefirieron agigantar la figura de Diego bastardeando la de Lionel Messi, situaci√≥n que provoc√≥ de forma, dir√≠a, inconsciente un aumento en mi bronca hacia Maradona. Por defenderlo a Messi perd√≠a de vista las cualidades que tuvo Diego como futbolista, as√≠ como les ocurre con Leo a aquellos que lo critican para defender a su √≠dolo. Otro problema que se nos presentaba a las personas cercanas a mi edad era que ‚Äúno lo hab√≠amos vivido‚ÄĚ a Diego, entonces no pod√≠amos, como Sophia, entender realmente de que nos hablaban. Nosotros lo conoc√≠amos a Maradona por su faceta m√°s negativa: el artista. No conoc√≠amos su obra, no la hab√≠amos sentido, simplemente ve√≠amos a la persona y eso no nos gustaba. Lo que nos resultaba innegable era que Maradona generaba algo m√°s, una suerte de atracci√≥n que era irresistible y que, para nosotros, los fundamentalistas de la raz√≥n, una frustraci√≥n dado que no pod√≠amos explicar por qu√© percib√≠amos eso. A pesar de todo lo repudiable y algunas cuestiones que incluso rozan lo criminal, era Diego; no lo pod√≠amos evitar y, por eso, en el fondo lo respet√°bamos.
El Diego en muchos aspectos era como la Argentina y quiz√° por eso se sienta tan propio: entraba en crisis constantemente, pero siempre se levantaba; era como el ave f√©nix que renace de las cenizas para demostrarle al mundo que s√≠ pod√≠a, que, as√≠ como muchas veces daba verg√ľenza con sus comportamientos otras tantas demostraba por qu√© era tan distinto al resto. Claro que estas conductas eran (y son) autodestructivas y por eso un dotado f√≠sicamente como Maradona, hoy, en pleno apogeo de los avances tecnol√≥gicos para prolongar la vida, muere con 60 a√Īos. Era esperable que la parca se diera una vuelta antes de lo que deb√≠a ya que hab√≠a estado cerca algunas veces, pero nunca hab√≠a tenido suerte.
La muerte no santifica y ‚Äúlo hecho, hecho est√°‚ÄĚ, pero no por eso vamos a recordar solamente al artista y perdernos de vista su obra; no por eso vamos a obviar las alegr√≠as que le dio a millones de personas; no vamos a borrar su legado en el deporte que tanta pasi√≥n nos despierta, y el orgullo que tantas veces signific√≥ que el mundo reconociera a nuestro pa√≠s gracias a su hijo pr√≥digo. Quiz√° su partida nos ense√Īe a muchos que a la vida la hace grandiosa esos momentos irracionales donde se despierta lo m√°s puro y sincero que tenemos.
Maradona, como todo √≠dolo popular, era un gran orador y sab√≠a que decir para poner a multitud euf√≥rica. El d√≠a de su partido de despedida dijo: ‚Äúyo me equivoqu√© y pagu√©, pero la pelota‚Ķla pelota no se mancha‚ÄĚ. Y es cierto. Sus equivocaciones las pag√≥ con lo vertiginosa que fue su vida, con su intranquilidad, pero lo que hizo dentro del campo de juego no se va a manchar. Es as√≠ como creo que debemos recordarlo: con la 10 estampada en la espalda, gambeteando jugadores, metiendo asistencias, siendo un pionero del ‚Äúfreestyle‚ÄĚ y levantando la copa del mundo.
Se va Maradona e indudablemente con su partida se va una parte de la cultura argentina; quiz√° una que debamos superar, pero no por eso olvidar de la felicidad que en alg√ļn momento nos dio. Su partida entristece a muchos con justa causa y a otros, como quien les escribe, sin ninguna explicaci√≥n l√≥gica; porque esa era la magia que despertaba Maradona.

Que en paz descanses, Diego.