ECONOMÍA Y POLÌTICA: EL COLAPSO DEL LLANO «LA MORA DE LAS FAMILIAS BATIÓ UN RÈCORD HISTÒRICO Y YA HAY 5,3 MILLONES DE ARGENTINOS ENDEUDADOS
Un alarmante informe sobre el sistema financiero expuso el agotamiento definitivo de la capacidad de resistencia económica en el tejido social comunitario. Al cierre de abril, el índice de morosidad en el segmento de consumo familiar registró un máximo histórico, alcanzando de forma fáctica a más de 5,3 millones de ciudadanos con severas dificultades para cumplir con sus obligaciones crediticias.
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El pormenorizado análisis de PRISMA sobre una crisis de sobreendeudamiento inducido, donde la clase media de las provincias recurre al financiamiento con tarjeta de crédito para cubrir la canasta básica de alimentos y los servicios indexados, configurando una encerrona financiera que el Palacio de Hacienda ensaya invisibilizar en sus balances de pizarrón.
Las loas oficiales respecto a la estabilización de las variables cambiarias y el equilibrio de las cuentas públicas nacionales acaban de chocar de forma científica con un indicador que devela la quiebra silenciosa de la economía doméstica.
El vertiginoso salto en las tasas de morosidad bancaria y no bancaria procesado durante el primer cuatrimestre expone que la recesión no opera como un mero enfriamiento de la actividad, sino como un mecanismo de transferencia brutal que ha vaciado el circulante de los sectores trabajadores y la clase media urbana.
El récord de abril:
Los números del ahogo financiero: De acuerdo con las estadísticas técnicas recopiladas de las bases de datos de las entidades financieras y los registros crediticios del Banco Central, la masa de deudores en situación irregular —aquellos que registran retrasos de más de 90 días en sus pagos o han ingresado formalmente en carteras de irrecuperabilidad— trepó de forma vertical hasta consolidar un piso fáctico de 5,3 millones de personas.
La composición de este endeudamiento de subsistencia devela de forma metodológica la naturaleza de la crisis.
El uso de los plásticos como auxilio:
El principal foco de mora se localiza en los saldos de las tarjetas de crédito. Ante la licuación de los haberes jubilatorios y los magros acuerdos paritarios, las familias utilizaron de forma recurrente el financiamiento en cuotas o el pago mínimo para costear elementos de primera necesidad, como alimentos de la canasta básica, medicamentos en las farmacias de barrio y las boletas de servicios públicos regulados.
El circuito no bancario: El colapso se agrava en las denominadas financieras de consumo y plataformas de microcréditos digitales, donde los sectores informales y el cuentapropismo de las provincias, privados de acceso a la banca tradicional, convalidaron tasas de interés usurarias para cubrir baches de caja corrientes, quedando hoy atrapados en un laberinto de cobrabilidad judicializada.
La colisión con la tanda de aumentos regulados: Para el análisis de PRISMA, este récord fáctico de morosidad de abril constituye la antesala del agravamiento que registrarán los índices en el bimestre en curso. Tal como informáramos desde esta redacción, el inicio de junio activó una feroz tanda de aumentos indexados que incluye subas en la energía eléctrica, el gas natural, las cuotas de colegios privados y prepagas, y un boleto mínimo de colectivos bonaerenses que perforó el techo de los $1.000 en el territorio federal.
En un escenario donde el 80% de los ingresos del llano urbano se destina exclusivamente a cubrir costos fijos de supervivencia, la capacidad de cancelación de los saldos acumulados de las tarjetas se vuelve matemáticamente imposible.
Las familias se ven forzadas a elegir de forma fáctica entre mantener la regularidad crediticia en el Veraz o sostener el plato de comida en la mesa y la oblea de la VTV obligatoria para poder seguir utilizando sus vehículos de trabajo, destruyendo el consumo minorista y arrastrando a las pymes comerciales de las localidades del interior bonaerense.
Análisis de PRISMA sobre el «Poder Real»:
La cifra de 5,3 millones de argentinos atrapados en la mora del consumo constituye un diagnóstico demoledor que desarticula la retórica de la «motosierra» eficiente que defiende el ministro Luis Caputo ante los foros empresariales.
Sostener de forma discursiva el éxito de un plan de ordenamiento fiscal mientras se empuja de forma inducida a la mitad de la población económicamente activa al default doméstico y a la pérdida de su calificación financiera representa un ejercicio de insensibilidad macroeconómica de alarmantes proporciones.
Para la mirada editorial de PRISMA, el «superávit» de la Casa Rosada es una falacia contable edificada sobre las deudas de los hogares de la República.
El Estado central ha saneado sus planillas del Excel transfiriéndole de forma directa su pasivo a las espaldas del ciudadano común, obligándolo a financiar con crédito privado lo que antes se cubría con ingresos reales genuinos.
Si el Poder Ejecutivo Nacional persiste en su afán de ignorar el mostrador de la calle y rehúsa implementar de forma urgente un dique de contención productiva que recupere el poder de compra del salario formal, el mentado sendero de estabilidad terminará por estallar, no por las variables técnicas de la City, sino por el colapso material de una sociedad federal que ya no tiene márgenes para seguir financiando con su quiebra los balances de laboratorio del poder real.