miércoles 2 de diciembre de 2020
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EL MINISTRO DE ECONOMÌA TRABAJA A FONDO PARA FRENAR LA CORRIDA CAMBIARIA AÙN CUANDO PARECE CARECERÌA DE UN PLAN AMBICIOSO

Guzmán busca reducir los choques internos para combatir la insostenible brecha cambiaria

Martin Guzmán como actor central de la política económica busca reducir los choques internos para combatir la insostenible brecha cambiaria, pero también le otorga al ministro una responsabilidad como fusible del presidente Alberto Fernàndez que hasta ahora no tenía.

Fuentes del oficialismo indicaron  que, como suele ocurrir cuando un ministro se vuelve relevante, ahora Guzmán actuará como pararrayos del Presidente, por lo que pasó de estar casi afuera del gabinete cuando el canje de la deuda parecía destinado a fracasar a ser el centro de las decisiones económicas en poco tiempo.

Ya sin su estilo zen previo, su última apuesta es el paquete confirmado ayer para facilitar el acceso de más  dólares a los inversores. La pregunta es si esos inversores se quedarán en el país o aprovecharán para salir antes de que les vuelvan a cerrar las compuertas; en el caso de PIMCO, la respuesta está clara.

En medio de tan pobres resultados, no es poco, pero claramente tampoco es suficiente, porque si bien Guzmán “es el más racional de todos”, como dijo este analista, todavía no queda en claro ni su plan ni si tiene equipo con espaldas como para ejecutarlo eventualmente.

Entre tantos nombres sin roce en la primera línea del Palacio de Hacienda se destaca por su experiencia en el gobierno de Cristina Kirchner el actual representante argentino ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), Sergio Chodos, tal vez el mejor aliado que tenga actualmente Guzmán en el Gobierno. Sin embargo, fue su visión sesgada de la realidad la que llevó a que el canje casi encallara definitivamente, según confiesan en el mercado y algunos funcionarios políticos. Sergio Chodos, fuerte aliado de Guzmán

Chodos cuenta a su favor con el antecedente de haber manejado la vicesuperintendencia de entidades financieras, pero en contra le pesa su desconocimiento sobre cómo opera el mercado. Y, además, en el oficialismo no están seguros de que el Presidente quiera sacar de su puesto a su “amigo” Pesce, sobre todo si no tiene garantías de poder ser él quien colocará a su reemplazante en lugar de La Cámpora, como ocurrió en otros organismos públicos

El otro camino elegido para atraer dólares es el anteproyecto para un nuevo blanqueo de capitales destinado a fomentar la construcciòn privada.  ¿Se parecerá esta iniciativa más al exitoso blanqueo del 2016 o al plan que, sin ningún éxito, impulsó Guillermo Moreno entre 2013 y 2015 con los Cedines?

La diferencia clave entre uno y otro, más allá del instrumento, fue la confianza que inspiraba el contexto: desde que asumió, el Gobierno ha dado señales de que los que blanquearon durante la gestión de Mauricio Macri deben pagar más, no menos; el aumento de la presión fiscal nunca actúa precisamente como un incentivo para blanquear.

En este contexto, también flota en el Congreso el cuestionado proyecto de impuesto a las “grandes fortunas” en pesos cada vez más devaluados, que nunca terminó de convencer al ministro ni a las autoridades legislativas del oficialismo.

¿Puede el Gobierno mostrar tantos titubeos mientras negocia un nuevo programa con el FMI, que ya dejó de lado los buenos modales que tenía cuando había que negociar con los bonistas? Las tajantes definiciones de la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, quien habló de una situación “dramática” no parecen dar lugar a la tibieza. Anoche, el FMI informó que Georgieva había tenido una conversación telefónica con el ministro luego del anuncio de las medidas y que el organismo apoya el esfuerzo del país para “aliviar las presiones cambiarias, anclar la estabilidad económica y sentar las bases para la recuperación”. Ambos debatieron en términos productivos el trabajo de la misión que pasó por Buenos Aires y las medidas que sea anunciaron.

Empoderado en su cargo y con el apoyo simultáneo del Presidente, la vicepresidenta y el titular de Diputados, Sergio Massa, Guzmán tiene mayor margen de maniobra que antes, pero también será su responsabilidad exclusiva si la corrida cambiaria y financiera no se calma, aclaran en el oficialismo.

Pero un fracaso de Guzmán no le generará perjuicios solamente a este economista que eventualmente puede volver a su apacible oficina en la Universidad de Columbia en Nueva York, sino que puede colocar al Gobierno delante del temido escenario de un desborde inflacionario.

La brecha cambiaria superior al 100% y la constante emisión monetaria –¿optará el ministro por limitarla con metas cuantitavas, como le dijo a un grupo de inversores internacionales la semana pasada?– son señales demasiado nítidas de que ese riesgo no es abstracto y que, cada semana que pasa, se vuelve más concreto, cuando, además, la política parece haber arrancado con bastante anticipación la carrera para las elecciones de 2021.Fte. Infobae