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VENEZUELA: Capriles el adversario de Chávez dijo “me he dejado la piel y el alma en esta campaña”

Publicación: 7/10/2012

 “Yo sigo siendo el mismo. Y seguiré siendo el mismo en la presidencia.” Henrique Capriles Radonski contesta rápidamente la pregunta de la nacion. Pero no dice toda la verdad: perdió varios kilos, está muy quemado, todavía conserva arañazos producidos por la pasión de sus seguidoras y tiene la espalda magullada tras dar tres vueltas al país. “Me […]

 “Yo sigo siendo el mismo. Y seguiré siendo el mismo en la presidencia.” Henrique Capriles Radonski contesta rápidamente la pregunta de la nacion. Pero no dice toda la verdad: perdió varios kilos, está muy quemado, todavía conserva arañazos producidos por la pasión de sus seguidoras y tiene la espalda magullada tras dar tres vueltas al país.

“Me he dejado la piel y el alma en esta campaña”, confiesa, con palabras firmes y maneras suaves. “Lo único que lamento es no haber tenido más tiempo para recorrer 500 pueblos en lugar de 300”, añade enseguida, con esa voracidad permanente que le ha hecho devorar uno a uno todos los retos que se planteó al iniciar su cruzada en marzo pasado.

Físicamente Capriles ha menguado, pero políticamente el candidato opositor se ha agigantado, subido a la ola de fervor popular que tanto recuerda al Chávez de 1998. Sólo un maratonista de voluntad férrea como él se habría lanzado a una cruzada que parecía una aventura loca. Muy pocos creyeron en la apuesta emprendida por este nieto de emigrantes huidos del furor nazi. Sangre centroeuropea endurecida en Treblinka, que le sirvió para forjar una campaña histórica.

Que nadie se despiste: nada se hizo al azar en la vida política de Capriles, aunque haya consolidado su personalidad política casa por casa, pueblo por pueblo durante siete meses. Como si fuera el Ulises venezolano buscando su Ítaca, sus marineros remaron sin parar siguiendo su ritmo siempre veloz.

Es el mismo equipo, su círculo más cercano, que lo acompaña en su singladura de Baruta y Miranda. Varios alcanzaron juntos la madurez política. Tienen un perfil parecido: abogados, jóvenes y bien preparados. A la cabeza, Armando Briquet, jefe de la campaña y cerebro gris procedente como Capriles de Primero Justicia. Fundamental en todas las decisiones políticas.

A Óscar López, jefe de giras, y Carlos Altimari, la sombra del jefe, hay que atribuirles el ingenio y el aguante necesarios en una campaña histórica. Ana María Fernández, procedente de El Universal de Caracas, manejó la comunicación de un líder que pasó de ser el derrotado seguro a un aspirante con posibilidades.

Su partido y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) aportaron experiencia a la tripulación de Capriles. A Ramón Guillermo Aveledo, hombre bueno de la MUD, se deben las gestiones para romper el cerco diplomático que rodeó a su candidato. La fotografía con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, fue casi un milagro político.

La labor de Aveledo va más allá. Ante cada conflicto que surgía en el seno de la alianza de partidos que van desde la derecha hasta la izquierda, pasando por ex aliados de Chávez, se presentaba Aveledo convertido en casco azul de la oposición. Las pocas voces discrepantes fueron desapareciendo. El rumor de ola que crecía acallaba cualquier discrepancia.

“Henrique es un chamo [muchacho] inteligente, preparado, muy trabajador y absolutamente alejado del líder mesiánico que representa Chávez”, resume un miembro de su equipo. “Es nuestro capitán”, apuntala otro. Abogado, con cursos en Estados Unidos y en Europa. Pero cuántas carreras políticas diseñadas para alcanzar grandes metas se torcieron a mitad de camino. La de este caraqueño contó con una ayuda imprescindible: su buena estrella.

La varita mágica de la suerte lo acarició cuando tras las elecciones de 1998 le tocó presidir un Parlamento agonizante por ser el diputado más joven. La buena fortuna le siguió cuando lo eligieron alcalde del municipio de Baruta, al que llegó catapultado por la mala gestión de su antecesor.

La carrera triunfal del joven político proseguía con el viento a favor, bajo la mirada de sus padres, e iluminado por su buena estrella. Capriles pertenece a una familia acomodada, propietaria de una cadena de cines en el país. Una fotografía, abrazado con su madre al finalizar la histórica concentración del domingo en Caracas, resumía este periplo familiar. Sin ellos, este viaje cuya parada siguiente podría ser Miraflores no hubiera sido imposible.

La travesía hizo puerto en la gobernación de Miranda en 2008, pese a que nadie daba un bolívar por él. Su rival, Diosdado Cabello, vicepresidente de Chávez y segundo hombre más poderoso del país, parecía otro Goliath invencible. Y lo derrotó.

En 2008, le tocaba poner en práctica sus políticas tantas veces planeadas. Pero faltaba algo, un símbolo para convencer a gran parte del país de que no estaba ante el típico joven cheto. Esa imagen soñada por todo político. Y llegó. Fue durante las inundaciones de 2010. El gobernador, avanzando con agua hasta el pecho, rodeado de damnificados. La buena estrella lucía de nuevo.

Con semejante aval y con la reconciliación bajo el brazo, Capriles se impuso en las primarias de la oposición. Y se lanzó a recorrer su país, un reto que parecía imposible. “Pero ellos me dieron la fuerza para continuar”, confiesa a este diario.

Le dieron fuerza y mucho más. En sólo unos meses, Capriles se ha convertido en el soltero más cotizado del país. “Mi debilidad son las mujeres, y ellas lo saben”, insiste a este corresponsal. Es conocido su noviazgo de cinco años con Erika de la Vega, popular presentadora.

“¿Mi rumbo si soy presidente? El de la luz y no el de la oscuridad. El del amor y no del odio.” Una luz que hoy no estaría brillando tanto a no ser por su caprichosa buena estrella.Fte.lanacion

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