EL OFICIALISMO IMPUSO SU DICTÀMEN SOBRE MOROSIDAD SIN NINGÙN TIPO DE RESCATE: DEL «AJUSTE» A LA TRAMPA DE LOS PRESTAMISTAS PRIVADOS»
El oficialismo de La Libertad Avanza logró emitir dictamen de mayoría en el plenario de las comisiones de Finanzas y Defensa del Consumidor de la Cámara de Diputados para avanzar con su proyecto de morosidad y sobreendeudamiento familiar
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Sin embargo, bajo un ropaje técnico que apela a la «educación financiera digital», la «portabilidad del crédito» y la transparencia de datos, la iniciativa aprobada no contempla ningún tipo de rescate, refinanciación compulsiva ni tope a las tasas de interés para millones de argentinos que se encuentran con el agua al cuello.
La prisa del oficialismo por imponer su despacho no garantiza aún su aprobación en el recinto.
La oposición busca demorar y dar la batalla en la discusión artículo por artículo para introducir un marco de emergencia crediticia.
Pero lo que se debatió en comisiones expone una ceguera legislativa preocupante: se trata a la morosidad como si fuera un mero problema de conducta individual o una falta de destreza tecnológica del usuario, omitiendo que se trata del síntoma directo de un colapso microeconómico.
La paradoja de las «dos economías»: La Macro festeja, la Micro se desmorona
Para comprender por qué el proyecto oficialista se niega a incluir cláusulas de alivio de deuda, hay que mirar la brecha que separa las planillas del Palacio de Hacienda de la mesa diaria de las familias:
El tablero macroeconómico que exhibe el Gobierno: Un programa centrado en el equilibrio fiscal estricto («déficit cero»), el freno a la emisión monetaria para financiar al Tesoro, la desaceleración de la inflación respecto de los picos pasados y la acumulación de reservas en el Banco Central.
El tablero microeconómico que sufre la sociedad: Una estabilidad conseguida mediante un violentísimo ancla de consumo.
Sin aumentos salariales ni recomposición de haberes jubilatorios que equiparen la dinámica de los servicios públicos, el costo de los alquileres y la canasta básica, el poder adquisitivo cayó en picada.
En este escenario, el crédito ha dejado de ser una herramienta de progreso o inversión para transformarse en un mecanismo de subsistencia: la gente se endeuda en cuotas con tarjeta de crédito o préstamos personales para comprar alimentos, pagar la luz o financiar el alquiler.
El «Triángulo de Ganadores» y el peligro de los prestamistas informales
Al negar herramientas de reestructuración, quita de intereses punitorios o suspensión temporaria de ejecuciones, la propuesta del oficialismo deja intacto el negocio de tres actores clave del sistema financiero:
Los Bancos Tradicionales: Que colocan créditos de consumo a tasas elevadísimas y derivan el riesgo crediticio a la población.
Las Fintech y Billeteras Virtuales: Que operan con algoritmos propios applying Costos Financieros Totales (CFT) abusivos sobre sectores no bancarizados.
Los Estudios de Cobranza y Fideicomisos Financieros: Que compran carteras morosas a precio de remate para luego ejecutar cobros extrajudiciales implacables.
Cuando una persona cae en la mora y la app o el banco le cierran las puertas, la necesidad básica no desaparece. La falta de un marco legal de rescate empujará masivamente a los deudores fuera del sistema formal, arrojándolos directamente a las garras de prestamistas privados e informales en los barrios.
Allí no existen leyes, rescates ni regulación: solo tasas leoninas y métodos de cobro extorsivos que destruyen la paz de los hogares.
¿Falta de conocimiento o funcionalidad al mercado?
Resulta alarmante la desconexión de gran parte de la Cámara de Diputados. Muchos legisladores acompañan por disciplina partidaria o ignorancia operativa, creyendo que el electorado que votó un cambio y un freno a la inflación en las urnas estaba pidiendo un cheque en blanco para desproteger al eslabón más débil frente al sistema financiero.
El electorado votó terminar con el déficit y la distorsión económica, pero no previó que el ajuste se saldaría con la paralización total del consumo y el endeudamiento familiar a tasa usuraria.
Si en las próximas semanas el recinto de la Cámara de Diputados no corrige este proyecto e incorpora mecanismos reales de refinanciación y contención social, el Congreso no estará promoviendo la «responsabilidad fiscal»: estará convalidando un esquema donde la macroeconomía exhibe planillas ordenadas mientras la microeconomía de la clase trabajadora termina sepultada bajo una montaña de deudas impagables.
