DEL SURTIDOR AL MOSTRADOR: POR QUÉ EL AUMENTO DEL COMBUSTIBLE TRASLADA SU COSTO INELUDIBLEMENTE A LA CANASTA FAMILIAR
La suba de las naftas y el gasoil no se frena en las estaciones de servicio. En una economía donde más del 90% del transporte de cargas se realiza sobre ruedas, el encarecimiento del flete obliga a cada eslabón —desde el productor hasta el almacenero de barrio— a ajustar los precios de la carne, las verduras, los lácteos y los fiambres para no operar a pérdida.
Periodismo con precisión política y económica. Apoyá nuestra labor. Alias: MULTIMEDIOS.PRISMA
Frente a las variaciones en las pizarras de los surtidores, el traslado de costos hacia la canasta básica familiar constituye una dinámica técnica y financiera que excede la discusión política o las especulaciones de mercado.
La estructura de distribución alimentaria en la Argentina depende de manera crítica del transporte terrestre, lo que convierte a los combustibles regulados en un componente de costo directo sobre todos los bienes de consumo masivo.
En la primera fase de la cadena, el transporte de hacienda vacuna y porcina, el traslado de la leche fluida desde los tambos y la recolección de frutas y hortalizas absorben de forma inmediata la suba del gasoil.
A este escenario se suma la exigencia operativa de las cadenas de frío: la conservación de carnes, fiambres, quesos y lácteos demanda un consumo ininterrumpido de energía y combustible en los camiones térmicos durante todo el trayecto hacia los centros de acopio y distribución mayorista.
Al llegar al último tramo, los comercios de cercanía, carnicerías, verdulerías y almacenes se encuentran sin margen contable para amortiguar el incremento.
Como las familias de barrio no reducen su consumo de alimentos esenciales, los minoristas se ven forzados a trasladar el costo del flete al precio de mostrador para resguardar el capital necesario para reponer mercadería.
De este modo, cada retoque en el precio de los combustibles termina operando como un traslado inevitable que encarece el ticket diario de los hogares y contrae el poder adquisitivo del salario de a pie.