domingo 6 de septiembre de 2026 15:39:57

POLÌTICA Y ECONOMÌA: EL SOBREENDEUDAMIENTO FAMILIAR Y LA PARÁLISIS DEL MERCADO: LA NECESIDAD DE UN CRITERIO PRAGMÁTICO Y PRODUCTIVO

A casi mil días de iniciado el programa de ajuste fiscal, la brecha entre el superávit contable del Estado y el agotamiento de la economía real alcanza un punto crítico. Ante una mora masiva que ronda el 13% en el sistema bancario tradicional y supera el 17% en las plataformas fintech, la negativa gubernamental a reestructurar la deuda de las familias argumentando disciplina monetaria amenaza con paralizar de forma definitiva el mercado interno.

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Sanear el crédito de los hogares mediante la banca pública sin recurrir a la emisión representa un instrumento de estricto realismo de mercado, indispensable para devolver la capacidad de consumo a la población y proyectar certezas ante la mirada del capital inversor.

El balance macroeconómico que exhibe el Gobierno nacional no logra traducir la disciplina del déficit cero en un proceso sustentable de reactivación interna.

La corrección de precios relativos, el aumento de las tarifas de servicios públicos y la pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones empujaron a la población a utilizar el crédito como una herramienta defensiva para cubrir gastos básicos de subsistencia, alimentos y alquileres.

Este fenómeno derivó en un volumen de deuda acumulada que supera los $16,5 billones entre el sistema financiero formal e informal, con más de 6 millones de personas que presentan dificultades o atrasos severos en sus compromisos diarios.

Frente a este escenario de asfixia, la postura del Ministerio de Economía al rechazar la intervención del Estado bajo el argumento de no vulnerar el superávit fiscal ni reincidir en la emisión monetaria pasa por alto soluciones financieras técnicamente viables.

La consolidación y refinanciación de las carteras morosas a través de la red de la banca pública no requiere la impresión de moneda sin respaldo; puede estructurarse mediante instrumentos de deuda interna en pesos a mediano plazo, securitizando los pasivos absorbidos con una tasa de descuento real y calzando los flujos con las cuotas fijas que las familias irán cancelando con sus ingresos de trabajo.

La resistencia a implementar herramientas de desendeudamiento productivo bajo el rótulo de «riesgo moral» contrasta con las exigencias impuestas al conjunto de la sociedad, que debió afrontar de manera inmediata el costo del reordenamiento económico. Sostener a millones de trabajadores y pymes al borde del default personal no solo afecta la estabilidad del sistema crediticio, sino que deprime la recaudación fiscal y anula la demanda en el comercio local.

En el plano internacional y en la perspectiva de los actores del mercado, la parálisis del consumo y el deterioro del tejido social constituyen un factor de incertidumbre que frena la llegada de inversiones de envergadura. Un mercado interno severamente contraído, sumado a la proximidad de los calendarios electorales, condiciona la previsibilidad de los proyectos de inversión a largo plazo. Utilizar la capacidad de gestión de la banca oficial para sanear las finanzas de los hogares no constituye una concesión populista, sino un acto de pragmatismo económico para recuperar la capacidad productiva del país y asegurar la paz social sobre bases de trabajo real.