MORA RÉCORD Y DEUDA FAMILIAR: EL DEBATE SOBRE LA EDUCACIÓN FINANCIERA FRENTE A LA CAÍDA DEL INGRESO Y LAS ALTAS TASAS
Ante el pico histórico de morosidad en el sistema financiero y no financiero, diversos discursos oficiales intentan atribuir el fenómeno a una presunta falta de «educación financiera» en la población. Sin embargo, datos de bancos y billeteras virtuales exponen una causa estructural distinta: el salto en los incumplimientos responde directamente al deterioro de los salarios reales, las elevadas tasas del costo financiero total (CFTEA) y el uso forzado del crédito para financiar gastos fijos de subsistencia.
Periodismo con precisión política y económica. Apoyá nuestra labor. Alias: MULTIMEDIOS.PRISMA
Por Jorge Victorero
El debate económico en torno al récord de mora de los hogares argentinos sumó un nuevo contrapunto entre los análisis oficiales y los datos duros emitidos por las entidades bancarias, las plataformas fintech y los relevamientos de consultoras privadas.
Mientras desde ciertos sectores del Gobierno se apela a la «educación financiera» como la vía para moderar el sobreendeudamiento, los indicadores operativos del mercado muestran que el atraso en los pagos responde de forma determinante a la incompatibilidad entre los ingresos corrientes y los costos de financiamiento vigentes.
El nivel de incumplimiento en los préstamos personales y el saldo diferido de tarjetas de crédito alcanza a cerca de 5,9 millones de deudores, observándose los picos más severos en las entidades no financieras y billeteras virtuales, donde la morosidad trepa por encima del 30%.
En este segmento, las Tasas Nominales Anuales (TNA) y los Costos Financieros Totales (CFTEA) —que en algunos casos escalan sustancialmente— terminan multiplicando exponencialmente las deudas iniciales de los usuarios que apelan a pagos mínimos o giros al descubierto para saldar compromisos cotidianos.
Analistas del sector advierten que apelar a la responsabilidad individual omite la transformación del patrón de endeudamiento: las familias no toman crédito para bienes durables o esparcimiento, sino para cubrir tarifas de servicios, alquileres y alimentos.
La acumulación de deuda a tasas elevadas en un contexto de ingresos estancados genera un espiral de refinanciaciones que restringe el crédito de consumo y mantiene encendidas las alarmas tanto en el sistema bancario tradicional como en el ecosistema fintech.