EL CRECIMIENTO DE LA MOROSIDAD IMPACTA EN EL CONSUMO Y REAVIVA EL DEBATE SOBRE LA INTERVENCIÓN ESTATAL EN EL MERCADO CREDITICIO
Relevamientos del sector financiero advierten sobre el récord de incumplimientos en tarjetas de crédito y préstamos personales. Frente al estrechamiento del margen de pago de las familias, sectores del mercado debaten la necesidad de medidas regulatorias.
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BUENOS AIRES — El deterioro del poder adquisitivo y el costo del financiamiento han derivado en un marcado incremento de la mora familiar, un fenómeno que ya condiciona el ritmo de la actividad comercial.
Según un informe especial elaborado por el periodista y analista especializado Guillermo Dozo para el portal iProfesional, el volumen de saldos impagos en tarjetas de crédito y créditos personales alcanzó niveles críticos, encendiendo alarmas tanto en las entidades bancarias como en las cadenas de retail.
El análisis de Dozo se sustenta en datos del sistema financiero y reportes de consultoras privadas, los cuales confirman que la acumulación de compromisos crediticios para cubrir gastos de primera necesidad sobrepasó la capacidad de pago de un segmento creciente de la población. Esta dinámica impacta directamente en el consumo masivo, que muestra señales de desaceleración ante la restricción de nuevos márgenes de crédito.
Ejes del informe sobre la crisis crediticia
Origen de la morosidad:
El estudio destaca que la pérdida de relación entre los ingresos salariales y el costo de vida llevó a miles de hogares a utilizar el financiamiento con tarjeta para abonar alimentos, medicamentos y servicios básicos, generando una bola de nieve de intereses difíciles de saldar.
Las entidades financieras registran un alza constante en los ratios de irregularidad de la cartera de consumo, lo que obliga a endurecer las condiciones para el otorgamiento de nuevos créditos y limita la rotación del comercio minorista.
El debate por la intervención del Estado:
Un aspecto central señalado en la nota es la postura emergente en sectores del propio mercado, donde analistas y operadores comienzan a sugerir que el Estado o el Banco Central deberían disponer herramientas de refinanciación, topes de tasas o esquemas de alivio crediticio para evitar un colapso en la cadena de pagos.
Un dilema para la política económica
El panorama descrito pone de manifiesto la tensión entre la política monetaria de no intervención y la realidad operativa de los comercios y las familias.
Mientras el Ejecutivo nacional mantiene la premisa de la libre negociación entre partes, el nivel de mora vigente amenaza con prolongar la recesión en el consumo masivo si no se viabilizan alternativas de reestructuración de deudas privadas.