lunes 27 de julio de 2026 14:40:06

POLÍTICA: LA MAQUINARIA EN MARCHA, «EL DUELO» QUE SE PERFILA Y EL FACTOR CLAVE DE LA ECONOMÌA

En la política argentina no hay espacio para la ingenuidad ni para los diagnósticos apresurados. Quienes apresuran certificados de defunción para los grandes movimientos populares suelen tropezar con la misma piedra: la realidad del territorio y el impacto de la economía cotidiana.

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Editorial: Por Jorge Victorero Director de Multimedios Prisma

A un año y medio de que el calendario electoral vuelva a convocar a los argentinos para definir la conducción del país, el mapa del poder empieza a despejar el polvo de la contienda previa.

En el horizonte no quedan márgenes para experimentos ni para figuras que encendieron entusiasmos pasajeros pero carecieron de volumen territorial o sostén institucional.

La discusión de fondo se encamina, indefectiblemente, hacia un choque directo entre dos modelos antagonistas: la continuidad del proyecto libertario encabezado por Javier Milei o la alternativa de gestión que encarna el peronismo en la provincia de Buenos Aires a través de Axel Kicillof.

Sin embargo, para que esa hipótesis se materialice, el peronismo enfrenta una prueba de orfebrería interna insoslayable.

Quien pretenda encabezar la unidad del espacio deberá comprender que la cohesión no se impone: se negocia.

Requerirá concesiones hacia el kirchnerismo duro que retiene el piso electoral en el Conurbano, garantías de federalismo real para los gobernadores de las provincias —cansados de la centralidad porteña— y un acuerdo pragmático con el sindicalismo y los intendentes que mueven el territorio.

Es allí donde reaparece la memoria histórica.

El peronismo ha demostrado, a lo largo de décadas, ser una maquinaria electoral e institucional de enorme potencia.

Cuando percibe la posibilidad concreta de retornar al poder y la economía real no repunta, sus vertientes más disímiles suelen archivar las diferencias para encolumnarse tras una boleta competitiva.

Del otro lado del mostrador, el oficialismo nacional, con Milei,  juega una carrera contra el reloj.

Las mejoras financieras, los elogios de Wall Street y las calificaciones crediticias son datos valiosos en las planillas macroeconómicas, pero no votan.

Si el saneamiento del Estado no se traduce a tiempo en una mejora tangible del poder adquisitivo, en alivio tarifario y en reactivación del consumo masivo, el descontento de la calle se convertirá en el gran catalizador del voto opositor.

En el medio, los espacios de centro, los armadores parlamentarios y las estructuras provinciales aguardarán su turno. Aunque no encabecen la pelea principal por el Sillón de Rivadavia, saben que ningún gobierno podrá administrar la Argentina post-2027 sin pactar la gobernabilidad en el Congreso.

Las cartas empiezan a repartirse. La economía de todos los días dictará la velocidad del proceso, pero la historia enseña que, cuando las variables sociales crujen y la maquinaria política se pone en marcha, el escenario electoral se vuelve implacable.