lunes 27 de julio de 2026 20:35:12

ECONOMÌA: CON EL MINISTRO AL LADO Y LA GENTE EN LA LONA: EL DISCURSO DE GEORGIEVA Y EL ABISMO DE LA CLASE MEDIA

Las recientes declaraciones de la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, flanqueada y respaldada por el propio Ministro de Economía de la Nación, volvieron a dejar al descubierto una distancia que ya no es solo conceptual, sino profundamente social y humana

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Editorial Por Jorge Victorero Director del Multimedios Prisma

Para los periodistas que cubrieron el anuncio y para todos los argentinos que seguían la transmisión, la escena fue contundente: entre aplausos y sonrisas oficiales, la máxima autoridad del organismo volvió a colmar de elogios el rumbo económico argentino, destacando las «altas expectativas» sobre el equilibrio fiscal, la desregulación y la premisa de que sea el sector privado el único ordenador de la vida productiva del país.

Desde las oficinas del FMI en Washington, y con la venia del Ministerio de Economía, la matemática es perfecta: las cuentas públicas cierran, la emisión cae y los balances financieros lucen prolijos.

Sin embargo, a miles de kilómetros de esa frialdad contable, en cada rincón de la Argentina, la realidad se escribe con otra tinta.

LA MACROECONOMÍA DE LOS NÚMEROS VS. LA MICROECONOMÍA DEL BOLSILLO

Existe un abismo infranqueable entre la salud de los indicadores macroeconómicos que festejan en conjunto el FMI y el Ministerio, y la economía real del hogar.

Para el organismo multilateral y la conducción económica del país, el ajuste fiscal y el recorte de gastos son meros «costos técnicos inevitables».

Para la familia argentina, significan tarifas impagables, remedios fuera del alcance, la canasta básica convertida en un desafío diario y haberes que perdieron dramáticamente su poder de compra.

Lo que no contemplan las planillas de cálculo que el Ministro le muestra con orgullo a la titular del Fondo es el fenómeno más lacerante de este presente: el endeudamiento masivo de la clase media.

Hoy, el trabajador, el jubilado y el pequeño comerciante no se endeudan para progresar, cambiar el auto o salir de vacaciones; se endeudan para comer, para pagar la boleta de luz o para financiar el saldo de una tarjeta de crédito a tasas usurarias.

Y cuando el sistema bancario tradicional o los algoritmos de las empresas de crédito les cierran la puerta —marginándolos en listas negras comerciales por atrasos coyunturales—, la asfixia es completa.

EL COSTO INVISIBLE: LA DECADENCIA FAMILIAR

El discurso del Fondo y del equipo económico habla de un futuro próspero que vendrá «gracias al derrame de la inversión privada». Pero la historia económica argentina nos ha enseñado que los tiempos de la macroeconomía no son los tiempos de la vida humana.

El daño que sufre hoy el entramado social no es pasajero. Cuando una familia de clase media debe liquidar sus pequeños ahorros, desarmar su patrimonio, endeudarse para subsistir o recortar la educación y el bienestar de sus hijos, no se trata de un simple «tropezón económico».

Es un proceso de decadencia personal y familiar que destruye el ascenso social que históricamente caracterizó a nuestro país. Recuperar ese terreno perdido no llevará meses: llevará generaciones.

¿UN ÉXITO PARA QUIÉN?

El FMI celebra los resultados que el Palacio de Hacienda le presenta porque responden a su dogma histórico.

Sin embargo, para cualquier periodista con mirada crítica y para la ciudadanía en general, cabe preguntarse si un plan económico puede considerarse exitoso cuando sus métricas cierran en el papel pero expulsan a la mayoría de la población del circuito del consumo, del crédito formal y de la tranquilidad mínima para planificar su vida.

El periodismo tiene la obligación de mirar más allá de la postal de los despachos oficiales. Mientras ante las cámaras se festeja el «ordenamiento fiscal», en las calles de la Argentina la clase media da una batalla silenciosa contra la exclusión y el endeudamiento.

La gran paradoja de estos tiempos es que las cuentas del Estado cierren impecables a costa de quebrantar, en el camino, la economía de las familias.