POLÍTICA: «LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE», EL CÌRCULO ÌNTIMO DE OLIVOS Y LOS LÌMITES REALES DE DEGO SANTLLI
El desembarco de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete altera la fisonomía de los anuncios, pero deja intacto el verdadero núcleo de decisiones. Una mesa chica inquebrantable que vigila cada caja, cada firma y el destino del principal padrón electoral del país. El factor de la desconfianza hacia los propios aliados.
Periodismo que analiza el poder real. Apoyá nuestra labor. Alias: MULTIMEDIOS.PRISMA
Por Jorge Victorero Director de Multimedios PRISMA
La reciente designación de Diego Santilli como Jefe de Gabinete ha sido presentada por los analistas de la cartelera porteña como el inicio de una etapa de apertura institucional y cogobierno de hecho con el PRO. Santilli, asume la coordinación formal del Estado con la promesa de aportar diálogo y oficio en un escenario de profunda tensión social.
Sin embargo, al pasar el organigrama oficial por el bisturí de nuestra Redacción, queda expuesta una verdad política ineludible:
Santilli podrá hacer grandes declaraciones y ocupar el centro de la escena, pero bajo ningún concepto pertenece ni pertenecerá al verdadero círculo de confianza que digita el destino de la República.
El poder real en la Casa Rosada sigue estando concentrado de forma hermética en una mesa chica inquebrantable. Son «los hombres y las mujeres del Presidente», un anillo de hierro compuesto por un núcleo muy cerrado que controla los resortes más sensibles del país y ante quienes el nuevo jefe de ministros deberá rendir cuentas de forma obligada antes de realizar cualquier movimiento estratégico.
En el primer eslabón del control político se ubica el clan Menem. Martín Menem, consolidado en la presidencia de la Cámara de Diputados, maneja las llaves de la rosca parlamentaria y cuida su sillón con recelo. Junto a él opera Eduardo «Lule» Menem, el estratega silencioso que, desde las oficinas linderas a Karina Milei, maneja el filtro de las designaciones en las segundas líneas de los organismos nacionales y teje el armado territorial propio.
Ninguna obra pública o recurso que Santilli pretenda enviar a los municipios bonaerenses pasará sin la fiscalización de este binomio.
El segundo eslabón, y quizás el más determinante para el ciudadano de a pie, es el frente económico controlado de manera absoluta por el ministro Luis Caputo.
Mientras Santilli gesticula políticamente con los gobernadores, Caputo conserva de manera inflexible la llave del cofre impositivo.
Su prioridad es el equilibrio fiscal, y no dudará en bloquear cualquier intento de alivio presupuestario para la Provincia de Buenos Aires si considera que pone en riesgo sus metas macroeconómicas.
Jerárquicamente, el Jefe de Gabinete es el superior, pero en la práctica de Balcarce 50, quien maneja la chequera condiciona al armador político.
El cuadro de la mesa chica se completa con el binomio de mayor peso operativo:
Sandra Pettovello al frente de la contención social en el llano, Santiago Caputo controlando desde las sombras las áreas de inteligencia y las segundas líneas técnicas, y por supuesto, Karina Milei, la «Jefa», custodio final de la firma presidencial.
Para comprender el verdadero aislamiento de Santilli, es fundamental dejar asentado un dato crucial del mostrador oficialista: la fisonomía de las alianzas previas está rota.
El espejo de ese desgaste es la Senadora Nacional Patricia Bullrich. Más allá de las sonrisas de cartelera y los abrazos circunstanciales para las cámaras, en las oficinas más reservadas de Olivos se desconfía totalmente de ella.
Su desplazamiento silencioso de las decisiones estratégicas demuestra que ya no pertenece a ese círculo de íntima confianza; fue convertida en un fusible operativo para el control de la calle, despojada de peso en el armado político real.
Si esa es la suerte de quien entregó su estructura desde el primer día, el destino que le espera a Santilli bajo la mirada desconfiada del entorno presidencial es de una nula flexibilidad.
Diagnóstico de la Redacción
Para PRISMA, la conclusión es tajante:
Diego Santilli asume un rol de altísima exposición pero con una autonomía severamente recortada.
Intentar gestionar el Conurbano profundo, asistir a los distritos más postergados como La Matanza, Lomas de Zamora, Mar del Plata y dar respuestas a una clase trabajadora sumergida en la morosidad de tarjetas y créditos usureros requiere de fondos líquidos y decisiones rápidas.
Si este círculo íntimo decide mantener el congelamiento financiero, la gestión de Santilli quedará reducida a una mera fisonomía discursiva.
La política tradicional entró al gobierno para intentar ordenar el rumbo, pero el verdadero poder de veto sigue estando bajo el control estricto de las cinco personas que vigilan el entorno presidencial y desconfían de todo lo que huela a vecindad ajena.