POLÍTICA Y ECONOMÍA: «MOTOSIERRA SIN FIN» MILEI RATIFICA EL RUMBO Y CONVIERTE LA PROTESTA EN COMBUSTIBLE POLÍTICO
Bajo la premisa de que «el apoyo popular se mide en las urnas y no en las plazas», el Presidente decidió profundizar el recorte en las partidas no esenciales y mantener el congelamiento salarial en el sector público
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A pesar de la masividad de la Marcha Federal Universitaria y el creciente malestar por los aumentos en el transporte, Javier Milei envió un mensaje inequívoco a su gabinete: el ajuste no se detiene. Para la Casa Rosada, ceder ante la presión de la calle sería el fin del plan económico y una victoria de la «casta» que busca recuperar sus privilegios.
La decisión de mantener la «motosierra» a fondo marca un punto de no retorno en la relación con los sectores medios y el sindicalismo.
Los ejes de la intransigencia oficial:
Blindaje al Superávit: Milei considera que el superávit fiscal es su única ancla de credibilidad ante los mercados internacionales. Si el precio para mantenerlo es el conflicto social permanente, está dispuesto a pagarlo.
Lectura de la Marcha: Para el «Triángulo de Hierro», la marcha universitaria estuvo «contaminada» por la presencia de dirigentes de la oposición. Esa lectura les permite deslegitimar el reclamo genuino y encuadrarlo como un intento de desestabilización política.
Ajuste en las Provincias: La orden es seguir pisando las transferencias discrecionales. Esto obliga a los gobernadores a ser ellos quienes den las malas noticias de aumentos de tasas y recortes de servicios, buscando trasladar el costo político al territorio.
La apuesta al «Cansancio»: El Gobierno cree que las movilizaciones tienen un techo y que, con el tiempo, la sociedad priorizará la baja de la inflación (aunque sea por recesión) por sobre el financiamiento de las instituciones públicas.
Análisis de PRISMA sobre el «Poder Real»:
Para el análisis de PRISMA, estamos ante una apuesta de «Todo o Nada».
En el Poder Real, la política es el arte de la negociación, pero Milei la entiende como una guerra de desgaste.
Al no ofrecer una salida elegante a los rectores o a los gremios, está forzando una radicalización del conflicto. La gran incógnita es si la estructura de contención de las fuerzas de seguridad y el discurso de «la herencia» serán suficientes para frenar una marea social que empieza a ver cómo el ajuste ya no pasa por la política, sino por el aula de sus hijos y el boleto para ir a trabajar.