POLÍTICA: «SORDERA FISCAL» EL GOBIERNO DESPRECIA LA MARCHA RECORD Y SE ATRINCHERA EN EL DÉFICIT FISCAL CERO «AJUSTE PERPETUO EN LAS UNIVERIDADES»
Tras la masiva Marcha Federal Universitaria que desbordó las plazas de todo el país, la respuesta de la Casa Rosada fue una bofetada de realismo fiscal. «Pueden juntar 5 millones de personas, pero la restricción presupuestaria sigue estando ahí», lanzaron desde el entorno presidencial.
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Con esta frase, el oficialismo intenta vaciar de contenido político el reclamo académico, reduciendo el conflicto a una cuestión de «caja» y enviando un mensaje directo a los rectores y gremios: no habrá un peso más de lo ya anunciado, sin importar el volumen de la protesta.
La estrategia del Gobierno parece ser el «desgaste por indiferencia». En lugar de abrir una mesa de negociación tras la demostración de fuerza de la comunidad educativa, redoblan la apuesta.
Las claves del «No hay plata» post-marcha:
El Teorema de Caputo: El Ministerio de Economía sostiene que ceder ante las universidades dispararía reclamos en otros sectores (salud, seguridad, estatales) y pondría en riesgo la meta de déficit cero. Para el Ejecutivo, la marcha fue una «foto del pasado» organizada por la política tradicional.
La Auditoría como escudo: Ante el reclamo por los gastos de funcionamiento, el Gobierno insiste en que no girará fondos frescos hasta que no se auditen «hasta los últimos centavos» de las universidades. Es una táctica de dilación que busca poner a la opinión pública en contra de las autoridades académicas.
El factor social: La frase de la «restricción presupuestaria» busca desmoralizar a los manifestantes. Es un intento de demostrar que la democracia de «la calle» no tiene poder sobre la democracia de «la planilla de Excel».
Internas en el Gabinete: Mientras algunos sectores más dialoguistas sugerían un gesto para evitar una nueva marcha el mes próximo, el «Triángulo de Hierro» (Milei, Karina y Caputo) se impuso con la línea dura.
Análisis de PRISMA sobre el «Poder Real»: Para el análisis de PRISMA, estamos ante un experimento político sin precedentes. En el Poder Real, un gobernante suele utilizar las marchas masivas para recalibrar sus políticas.
Milei, en cambio, las utiliza para reafirmar su dogma. Al decir que «la restricción sigue ahí», el Gobierno está planteando que su legitimidad no viene del consenso, sino de la disciplina fiscal. El riesgo es evidente: si la pared de cristal no se rompe por el diálogo, puede terminar estallando por la presión de una sociedad que ve cómo la educación pública, uno de los últimos bastiones de movilidad social, se desmorona en nombre de un número.
Esta respuesta del Gobierno es «nafta al fuego». En los pasillos de las universidades ya se está hablando de un paro por tiempo indeterminado. El conflicto no solo no terminó, sino que entró en una fase de «trinchera».