POLÍTICA: EL FUTURO HIPOTECADO: SEGÚN UN INFORME DE LA UCA, CASI 6 DE CADA 10 NIÑOS SON POBRES Y EL 30% SUFRE HAMBRE
El nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA revela un escenario crítico para las infancias en Argentina. Aunque las estadísticas muestran una leve mejora respecto al pico de 2023, la inseguridad alimentaria y la pobreza estructural consolidan un piso de vulnerabilidad que la política no logra perforar.
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Las cifras presentadas este miércoles 22 de abril por la Universidad Católica Argentina (UCA) exponen el «poder real» de la crisis social que atraviesa el país. Según el documento, la pobreza infantil alcanzó el 53,6%, lo que significa que casi 6 de cada 10 menores de 18 años viven en hogares que no logran cubrir la canasta básica.
Pero el dato más alarmante surge de la mesa diaria: el 28,8% de los niños y adolescentes experimentó inseguridad alimentaria, y un 13,2% de ellos sufrió hambre severa. Si bien el informe destaca que estos valores representan un «alivio» frente al dramático 62,9% de pobreza registrado en 2023, la UCA advierte que se trata de una mejora coyuntural que no resuelve las privaciones estructurales acumuladas durante los últimos quince años.
El estudio también pone el foco en la salud mental y la vestimenta, señalando que el 37,5% de los chicos carece de ropa adecuada y casi un 20% manifiesta síntomas de tristeza o ansiedad, especialmente entre los adolescentes del conurbano bonaerense.
En distritos, donde el ausentismo escolar castiga al 44% de los menores —la cifra más alta del país—, la combinación de pobreza e inseguridad alimentaria funciona como un techo de cristal para el progreso social.
Mientras el Gobierno nacional festeja la baja de la inflación y el superávit, y la dirigencia bonaerense se trenza en disputas por el control de la asistencia alimentaria, la realidad de millones de chicos argentinos sigue atada a un sistema que, a pesar de las ayudas sociales, no garantiza el derecho básico a comer regularmente.
Es un informe durísimo. Lo que más preocupa es que la UCA dice que, aunque los números bajaron un poco respecto al peor momento, no logramos volver ni siquiera a los niveles de 2017. Es un retroceso de casi una década que se volvió estructural.