14 de agosto de 2022

UN PAÍS EXPERIMENTAL POR EL CONSULTOR POLÍTICO CARLOS FARA

Si el primer experimento salió mal, ¿por qué habría de salir bien el segundo, en una crisis fogoneada por la política?

CARLOS FARA. A esta altura, el experimento de Alberto presidente y Cristina vice con poder de veto fracasó en la gestión. Aunque fue una idea ingeniosa en lo electoral, no está resultando en un país presidencialista, y menos aún con la cultura política acerca del liderazgo en el peronismo.

Como el experimento original no funcionó, ahora vamos a probar con otro: un presidente debilitado y relegado políticamente, se le impone un ministro de Economía poderoso, que quizá termine actuando como un primer ministro, pero conviviendo con un Jefe de Gabinete con aspiraciones, y una Vicepresidenta presta a bajar el pulgar cuando algo no la satisface.

¿Qué podría salir mal en estas circunstancias? Todo, pero la Argentina siempre da sorpresas. Ya lo vivimos en 1989 y 2001 / 2002: la sensación ampliamente mayoritaria es que eran crisis terminales de las cuales iba a ser casi imposible recuperarse. Los resultados los conocemos. La gran mayoría de los análisis económicos y políticos de estos días son de fuerte incertidumbre en el mejor de los casos, y de pesimismo en el peor.

Es entendible, ya que si el primer experimento salió mal, ¿por qué habría de salir bien el segundo en el marco de una mega crisis, además fogoneada por la política?

A priori no debería haber muchas razones para el optimismo, pero los consultores políticos estamos acostumbrados a ver oportunidades donde la enorme mayoría solo ve problemas. Imaginemos dos escenarios posibles, el pesimista y el optimista: 1. Massa llega a destino y cree que se deben dar algunas señales pro mercado. Eso no le cae bien a Cristina, pero por pragmatismo sabe que no queda otra para calmar las aguas por un tiempo y después se verá.

Por las dudas, pone en acción a sus perros ladradores que dicen que faltan medidas anti mercado, se empieza a generar la sensación de que el nuevo hombre fuerte no lo es tanto, los mercados rápidamente desconfían, mientras Alberto se va cobrando facturas por haber sido relegado, y los actores del Frente agudizan la puja distributiva.

Se produce una espiral negativa de menor apoyo y más incertidumbre, que profundiza la crisis económica. Resultado: el experimento fracasa porque se agotaron las expectativas con rapidez, y Massa pasa a ser el responsable de la última oportunidad perdida.

2. Massa llega y cree que se deben dar señales pro mercado, pero no tanto para que los socios radicalizados del Frente lo cuestionen de entrada. Cristina deja hacer por un tiempo para que nadie diga que puso palos en la rueda a la última oportunidad. Alberto y Manzur no le van a hacer la vida fácil al recién llegado, pero éste pelea cada centímetro de poder, poniendo en duda la percepción sobre si tendría margen de maniobra.

Ante cada embestida Massa amenaza a todos con “soy yo o el caos”. Al borde del precipicio hay muchas escaramuzas, mientras el nuevo ministro va ganando tiempo gozando de un veranito de calma en los mercados. Frente a este éxito relativo de calma, Cristina –le guste o no- sabe que si su propio electorado valora el apaciguamiento, entonces no puede entorpecer a su ex jefe de gabinete.

Mientras tanto Massa se va granjeando la paciencia de formadores de precios y sindicalistas. La cosa dista de ser genial, pero al menos no explotó. La presencia del bombero tiene algún sentido. La mayoría social se dedica a rezarle a Scaloni y Messi en Qatar y piensa: “por lo menos calmó un poco las cosas”.

La enorme mayoría pensará que el primer escenario es el realista y que el segundo es una película de Disney, porque si no se hacen “las reformas necesarias” la explosión es inevitable.

Es lo más probable, solo que hay algunos detalles para apuntar a favor de los pocos optimistas: 1. Massa llega como última oportunidad, y a la misma siempre se le tiene más expectativa y más paciencia que a la penúltima. Es un aspecto psicológico normal.

2. El tigrense es el primer interesado en ser exitoso porque solo así se compra un boleto a la presidencial de 2023. Ergo, va a dejar la vida en esto y va a pelear hasta el último rincón para no desdibujarse.

3. ¿Cristina sí o sí terminará jugando en contra? Depende. Habría que ver los términos de esa negociación y las garantías que le daría Massa.

4. Massa sobre todo necesita tiempo, además de equipos y decisiones técnicas adecuadas. Tiene la suficiente habilidad para generar una tregua económica y social con los actores relevantes. Hoy en el oficialismo casi nadie puede hacer eso.

5. Más allá de los equipos técnicos, ¿quién inspira el plan que tenga? Ahí está una de las claves porque los mercados siempre se terminan enterando. Si la fuente de inspiración es sensata, compra tiempo y credibilidad.

6. La sociedad lo va a evaluar por sus resultados, no por su imagen previa. En la crisis, el incentivo al pragmatismo es enorme. Por otro lado, si logra transmitir que el rumbo es el correcto, las tensiones disminuyen y un tibio optimismo puede renacer.

A veces la opinión pública no pide más que eso en el medio de la angustia. En las casas de apuestas seguro va ganando el escenario negativo, porque “un pesimista es un optimista bien informado”. Pero por las dudas citamos a Keynes: “Lo inevitable rara vez sucede, es lo inesperado lo que suele ocurrir”.