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LEANDRO BÁEZ ROMPIÓ EL SILENCIO Y DIJO “ME SORPRENDIÓ QUE PARRILLI DIJERA QUE MI PADRE FUÉ CONDENADO POR SER “MOROCHO Y AMIGO DE NÉSTOR KIRCHNER “

Sobre la postura de su padre, ratificó: “Lázaro no va a hablar. Se está haciendo cargo como lo dije en la declaración

Leandro Báez, uno de los hijos de Lázaro Baéz, el empresario santacruceño, rompió el silencio este viernes al confirmar que su padre “no va a hablar” y al sugerir que en el delito precedente está implicada la ex  vicepresidenta Cristina Fernández.

Leandro se refirió a los dichos del senador Oscar Parrilli, quien días atrás sostuvo que su padre fue condenado por ser “morocho” y “amigo de Néstor Kirchner”.

“Por ahí a la gente le molesta que digo lo que pienso. Me sorprendió que Parrilli diga que a Lázaro lo condenaron por ser morocho y amigo de Néstor. Raro que salga ahora hablar alguien del entorno porque esta condena es como un mensaje por la causa de Vialidad. Se está condenando sin saber el delito precedente y en ese delito precedente está ella (por Cristina Kirchner). Y ahora salen a bancarlo a Lázaro”, dijo Leandro.

El hijo del empresario fue condenado a cinco años de prisión, aunque confía que la Justicia revea la pena. Aseguró que, con las condenas, “la Justicia mandó un mensaje muy claro por el conflicto que tienen con el Gobierno”.

Contó que este viernes se reunirá con su padre por primera vez después de más de un año y medio y que, más allá del distanciamiento del último tiempo, acordaron recomponer la relación.

Sobre la postura de su padre, ratificó: “Lázaro no va a hablar. Se está haciendo cargo como lo dije en la declaración. Nunca esperé que cuente nada. Lázaro es así, es un tipo duro. No es de hacer ciertas cosas. Todo el mundo esperaba que hable como lo hicieron ciertos empresarios en la causa Cuadernos”.

“Se está investigando en otra causa (cómo obtuvo el dinero), lo cual es el delito precedente de esta causa. Medio confuso, porque se sabe el delito precedente pero nosotros ya estamos condenados”, agregó.

Estuvo más de un año sin hablar con su padre. Discutieron personalmente en la sala de visitas del penal de Ezeiza, siguieron por teléfono y la distancia fue inevitable. Se reencontraron después de la condena que lo dejó a él al borde de la cárcel. Ahora Leandro Báez habló con Clarín de Cristina, de Máximo, de los negocios conjuntos.

Tiene treinta años. Es explosivo en sus declaraciones, en las que no oculta su enojo fundado en dos razones: la responsabilidad que atribuye a su padre y que devino en que él, su hermano y sus dos hermanas hayan terminado condenados y con otros juicios en puerta; y por fuera del círculo familiar su malestar es con Cristina Kirchner, Máximo Kirchner y el entorno más fiel a la vicepresidenta.

Mantiene desde joven el perfil bajo que Lázaro Báez buscó darle a su familia, incluso cuando gozaba de su libertad y no salía de Río Gallegos, con la excepción de los viajes en avión privado que terminaban en encuentros en la Quinta de Olivos.

Una mañana la camioneta de Leandro terminó estrellada en la vidriera de un local comercial en la capital santacruceña. El empresario K le dio la orden al abogado de la familia que dejara que lo retengan en la celda de la comisaría: Leandro pisaba recién los 22 años, se había dado a la fuga y en el trayecto, chocó otros autos. Su padre lo obligó a pedir disculpas y a pagar todos los arreglos.

Pero ninguno de los dos imaginó que los siguientes enfrentamientos entre ellos se producirían con uno de los dos preso.

Con el correr de los años, el menor del clan Báez se convirtió en una suerte de vocero de sus hermanos: “Yo digo mi verdad y lo que muchos piensan pero nadie se anima a decir”, suelta Leandro en diálogo con este diario.

Su tono de voz es bajo -de a momentos monocorde, algo “muy Báez”- y cada tanto esboza una sonrisa. Quedó condenado a cinco años de prisión, y aunque no utiliza la palabra miedo, reconoce que no hay día que no piense en la posibilidad de terminar tras las rejas: “Es más bien preocupación”, explica. Su padre sigue preso, aunque bajo arresto domiciliario, su hermano lleva dos años detenido. No descarta que le pueda ocurrir.

En 2011, después de abandonar sus estudios en Buenos Aires, Leandro fue nombrado director suplente en Austral Construcciones. “Empezá a meterte en la empresa”, fue la sugerencia con tono imperativo del padre, un Lázaro por entonces ya poderoso. Ese primer cargo le valió unas cuantas discusiones con la cabeza del clan.

Una anécdota lo resume: el menor de los cuatro Báez despidió siete veces a un empleado de la constructora, porque ante cada despido Lázaro lo reincorporaba. “No delegaba nunca, siempre tenía que controlar todo y estar presente, y eso se rompió en 2016 cuando quedó preso. Era imposible controlar todo desde la cárcel”, explica Leandro.

Así se fue metiendo en el grupo que terminó bajo la mira de la Justicia. Pero se dedicó a los campos nucleados en Austral Agro: “Prefiero lidiar con 40.000 animales que con tu gente y la empresa”, le dijo Leandro a su padre en una fuerte discusión.

Nunca más volvió a pisar el predio de Austral Construcciones, embargado y a punto de ser rematado en el marco de la quiebra de la firma. Sin embargo, admite que le da pena ver las oficinas cerradas, la maquinaria oxidada y el sello distintivo de la familia en decadencia.

-¿Hay forma de explicar la fortuna de tu padre sin los negocios con los Kirchner?

-Su amigo lo ayudó, claro que lo ayudó, en el sentido que le dijo que se anime con la empresa y que la prepare para los contratos que se iban a volcar en la provincia.

La Justicia sostiene que esa ayuda, en realidad, fue convertir “al amigo presidencial en empresario de la construcción”, pese a no tener experiencia en el rubro. Después, fue adjudicatario de 51 licitaciones por 46.000 millones de pesos. Todo fue otorgado bajo irregularidades y sobreprecios del 65% promedio, sostuvo la Justicia.

En ese punto entra Cristina Kirchner, acusada de direccionar desde su gobierno las sumas millonarias para quien era su socio comercial.

“Cristina Kirchner debe estar preocupada porque si Lázaro es emblema de la corrupción, no puede haber corrupción sin funcionarios y se dijo que el delito precedente era la obra pública”. Teoriza un poco más al respecto, y cree en los hechos que pueden ser espejo de otros a futuro.

-Lo que les sucedió a vos y a tus hermanos, ¿creés que puede ocurrirle a Máximo y a Florencia Kirchner?

-Sí, porque la Justicia demostró que puede avanzar en ese sentido. Entonces, creo que Cristina está preocupada por eso y sobre todo porque Florencia no tiene fueros como Máximo, por eso ahora salieron a defender a Lázaro.

Leandro estuvo dos años sin ver a su padre. Se reencontraron en los días previos a la sentencia y Lázaro pudo conocer en persona a su nieto más pequeño. Los hijos varones del empresario K llevan de segundo nombre Antonio, como él. El menor del clan rompió con la tradición y a sus dos hijos ya no les puso ese segundo nombre.

En ese encuentro no hablaron de Cristina: ya no hablan de ella, y las pocas veces que ella surgió en la charla surge Lázaro la llama por su apellido, Fernández. “Nunca le dijo ni le va a decir Kirchner”, sostiene Leandro.

La relación con la familia Kirchner “existió, es claro”, enfatiza. La Justicia le puso número a eso: 28 vínculos comerciales, y mientras Báez era contratista del Estado su patrimonio saltó de 66 millones de pesos a más de 3.000 millones en diez años. “Todos sus bienes estaban declarados, claro que hubo negocios con los Kirchner”, repite, pero en ese abrupto incremento de propiedades -que la Justicia determinó que fue con dinero de origen ilícito- no ve ningún delito.

No esperaba una defensa férrea en 2016 a favor de su padre, pero sí que digan algo; “esperaba de Cristina, de Máximo Kirchner un gesto”, admite. No eran desconocidos. No lo son. Y recuerda que cuando habían pedido la detención de él y sus hermanos, viajaron en el mismo vuelo de Aerolíneas con Máximo, y pese a haber jugado un partido de fútbol en la chacra de su padre ese día ni se saludaron, ni se miraron.

“Ese día nos putearon a nosotros diciendo que nos habíamos robado todo, Máximo se subió a un auto azul con Wado de Pedro y se largó. Eso nos dio la pauta de que a Lázaro le habían soltado la mano”, repasa.

Se anima a esbozar una teoría más, que a su padre lo entregaron: “Hicieron un intercambio de figuritas y lo dejaron a él como emblema de la corrupción y se olvidaron de los funcionarios”.

A estas alturas del expediente, reitera que Lázaro tenía la oportunidad de hablar, de decir su verdad. Cuando se le consulta a Leandro a qué se refiere con “su verdad”, plantea dos cosas: “Que explique el rol de cada uno de sus hijos, que no teníamos nada que ver con las operaciones de lavado (la Justicia consideró lo contrario, son beneficiarios de todas las cuentas radicadas en Suiza utilizadas para el blanqueo de 60 millones de dólares), y por otro lado, que aclare quiénes manejaban realmente la plata que estaba en el exterior. ?Nosotros éramos beneficiarios de las cuentas pero nunca vimos un peso de eso”.

Recuerda cuando su padre se desligó de la administración y cuidado del Mausoleo donde está el cuerpo de Néstor Kirchner, y sitúa esa situación, esa última charla en la quinta de Olivos entre Báez y Cristina, como el quiebre definitivo.

?“Desde que murió Néstor la relación fue diferente; con Cristina nunca se llevó bien. Ella nunca lo quiso y se lo sacó de encima”, dice Leandro, que recuerda: “Tenían negocios juntos, incluso después de la muerte de Néstor”.

Distingue que no es algo personal contra la vicepresidenta, “pero debe estar preocupada, se habla de un delito precedente donde está ella”, y sostiene que la cruzó en la estancia Cruz Aike, hace muchos años, en un asado que hizo su padre: “Fue amable al saludar, pero cerrada siempre en su gente. No tengo nada que decir de ella, pero sí que esperábamos algún gesto”.

No elige el silencio y eso no le gusta a su padre, que le ha pedido en reiteradas ocasiones que baje el perfil, que no vaya a los medios a hablar. Leandro le repite la misma cantidad de veces: “Hay demasiado silencio, alguien tiene que decir las cosas”.