EL «TRIÁNGULO DE HIERRO» SE DEFORMA: KARINA MILEI AVANZA Y LA INTERNA CRUJE EN EL CONGRESO
El «Triángulo de Hierro» se deforma: Karina Milei avanza y la interna cruje en el Congreso
El desembarco de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete tras la escandalosa salida de Manuel Adorni reconfiguró el mapa del poder en la Casa Rosada
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La Secretaria General de la Presidencia se consolida como la jefa política indiscutida del espacio, mientras Santiago Caputo pierde centralidad y el Congreso se convierte en el nuevo teatro de operaciones de una dura puja de lealtades.
La política argentina asiste a una nueva y acelerada mutación en la mesa chica del Ejecutivo nacional. Lo que inicialmente se presentó como el «Triángulo de Hierro» (Javier Milei, Karina Milei y Santiago Caputo) atraviesa un proceso de fuerte centralización. La intempestiva eyección de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete —acorralado por una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito— no solo significó un golpe estético y comunicacional para el oficialismo, sino que abrió la compuerta para una reestructuración de fondo controlada íntegramente por «El Jefe».
El rápido nombramiento de Diego Santilli al frente de los ministros expuso la velocidad de los reflejos de Karina Milei. El ex-PRO, que venía tejiendo un puente de confianza directo con la hermana presidencial, desembarcó en Balcarce 50 bajo su estricta órbita. Aunque desde el entorno de «El Colo» intentan matizar el escenario hablando de un «diálogo institucional» con el asesor estrella Santiago Caputo, la realidad en los pasillos de la Casa Rosada muestra otra cosa: la influencia de Caputo ha quedado esmerilada frente al avance del eje karinista, ahora fuertemente apuntalado por los primos Eduardo «Lule» y Martín Menem.
Este desplazamiento de piezas generó ruidos internos inocultables. Voces calificadas dentro del propio oficialismo advierten sobre la falta de una conducción estratégica clara y señalan un preocupante nivel de improvisación, graficado en el hecho de tener cuatro jefes de Gabinete en apenas dos años y medio de gestión. «Lo único que importa es la disputa de poder, no qué se hace con ese poder», graficó con crudeza un habitual caminante del despacho presidencial.
El nuevo ordenamiento tiene su principal frente de batalla en el Congreso de la Nación, territorio donde el Ejecutivo necesita dinamizar con urgencia una agenda ambiciosa para este 2026, que incluye la reforma electoral (con el polémico regreso de las colectoras), modificaciones al régimen de Zona Fría y la Ley de Inocencia Fiscal. Con Martín Menem garantizando el alineamiento en Diputados, la gran preocupación de la Casa Rosada se mudó al Senado.
Allí, la mirada vigilante del karinismo se posa sobre Patricia Bullrich, jefa del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara Alta. En el Ejecutivo predomina la desconfianza respecto de la autonomía con la que se mueve la exministra de Seguridad al negociar con los bloques aliados. «Le gusta darle más vida a los aliados de la que tienen», cuestionan desde Balcarce 50, justificando la intervención silenciosa que Santilli y el nuevo enlace parlamentario, Ignacio Devitt, comenzaron a ejercer en el Senado. El armado de grupos de comunicación paralelos y las reuniones directas en los despachos senatoriales exponen que la puja por el control de los votos y de las lealtades está al rojo vivo.
La salida de Adorni cerró una etapa marcada por la centralidad de la narrativa comunicacional y abrió otra puramente corporizada en la supervivencia política y legislativa. En este nuevo ecosistema de poder, los nombres mutan y las tensiones recrudecen, pero queda ratificada una máxima ineludible en el esquema libertario: ningún hilo de la alta política oficialista se mueve sin el consentimiento final de Karina Milei.