ECONOMÁ: HAY ALERTA FINANCIERA YA SON SIETE MILLONES DE ARGENTINOS EXCLUDOS DEL CRÉDITO POR LA ALTA MOROSIDAD
Por el impacto de la crisis, la irregularidad en el pago de préstamos a las familias encadenó 19 meses de subas consecutivas. El fenómeno golpea con extrema dureza a los menores de 35 años y congela el consumo.
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El deterioro de la capacidad de pago de los hogares argentinos ha alcanzado un límite histórico. Según el último informe de la consultora 1816, basado en los registros de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), la morosidad en los créditos a las familias volvió a trepar en mayo hasta situarse en un 12,7%, registrando la decimonovena suba mensual consecutiva. Esta dinámica ha dejado a casi 7 millones de personas fuera del circuito financiero, transformándolas en sujetos «no aptos» para recibir asistencia bancaria o extrabancaria.
El salto es drástico si se analiza la perspectiva temporal: en menos de dos años, la tasa de irregularidad se multiplicó por más de cinco, pasando del 2,5% en octubre de 2024 a superar el 12% actual. Para encontrar un antecedente de una aceleración similar en el corte de la cadena de pagos, hay que remontarse a la salida de la crisis de la Convertibilidad.
El semillero de la deuda: el drama de los jóvenes
El dato más alarmante del reporte oficial reside en la segmentación etaria. El estrato de menores de 35 años muestra signos de asfixia financiera crítica: 4 de cada 10 jóvenes con financiamiento activo registran atrasos en sus obligaciones. En el rango específico de 18 a 25 años, la irregularidad trepa al 42,8%.
Estas cifras exponen cómo las plataformas de microcréditos y las facilidades de financiamiento virtual orientadas al consumo joven terminaron convirtiéndose en una trampa de deuda ante la caída de los ingresos reales.
Brecha entre banca pública y privada
La crisis también reconfiguró el comportamiento del sector financiero. Ante el evidente riesgo de incobrabilidad, las entidades bancarias privadas recortaron de forma drástica la oferta y endurecieron las carpetas de otorgamiento. El mercado en pesos logró mantenerse relativamente estable solo gracias al sostén de la banca pública, que asumió el rol de amortiguador para evitar un desplome total de las líneas comerciales y personales.
La peor parte, sin embargo, se la llevan las entidades financieras no bancarias —asociadas al financiamiento de consumo en comercios y tarjetas de crédito regionales—. En este sector, que representa el 17% del mercado de préstamos familiares, la morosidad escaló a un dramático 32,2%, frente al escaso 10% que registraba hace apenas un año y medio.
Sin motor para el consumo
El diagnóstico de cara a los próximos meses es complejo. Con más del 27% de los tomadores de préstamos caídos en situación de mora, el crédito a las familias dejará de ser un dinamizador de la actividad interna de cara al año electoral.
Aunque el escaso peso histórico que el sistema crediticio tiene sobre el Producto Bruto Interno (PBI) local podría permitir ciertos márgenes de recuperación económica por otras vías, la pérdida del poder de compra financiado le quita el principal combustible al consumo de a pie. Los analistas aguardan ahora el cierre de los datos de junio y julio para evaluar si el cobro del medio aguinaldo logró aliviar, de manera estacional, un frente financiero familiar que permanece al rojo vivo.