domingo 26 de abril de 2026 17:52:38

POLÍTICA Y ECONOMÍA: LA PARADOJA DEL DÓLAR, «LLUVIA DE DIVISAS EN EL CENTRAL, PERO EL BOLSILLO NO SUELTA EL «CANUTO»

 Mientras los indicadores económicos vaticinan una entrada masiva de dólares y un fortalecimiento del peso para los próximos meses, la conducta del pequeño ahorrista revela la otra cara de la moneda.

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Pese a la estabilidad cambiaria que celebra el Gobierno, las compras de divisas por parte del público no ceden. En PRISMA analizamos por qué la «macroprosperidad» de Luis Caputo todavía no logra quebrar la desconfianza de una sociedad que prefiere el refugio del billete verde ante la incertidumbre del mañana.

El informe económico es contundente: se espera que la liquidación de la cosecha y el auge energético inunden de dólares las arcas del Banco Central. Esta «lluvia» promete mantener el dólar a raya y fortalecer el peso, una noticia que el Gobierno utiliza como bandera de victoria contra la inflación.

Sin embargo, en las calles y en las cuevas financieras, la realidad es distinta. El ciudadano de a pie, escarmentado por décadas de crisis, no abandona la ventanilla de cambios. Para el ahorrista medio, el peso fuerte es visto como una oportunidad para «dolarizarse barato» antes de que el viento cambie de dirección.

Desde el análisis del Poder Real, esta situación expone una desconexión peligrosa. El Gobierno logra equilibrar las cuentas y acumular reservas, pero no logra «enamorar» al mercado interno.

Mientras el Banco Central compra, la clase media —esa que todavía tiene un margen de ahorro— sigue drenando divisas del sistema para guardarlas bajo el colchón. Esta falta de confianza es el principal obstáculo para que la estabilidad macroeconómica se transforme en inversión productiva y en un consumo genuino que reactive la economía real en las provincias y los barrios.

Desde la redacción de PRISMA, observamos que esta puja entre la solvencia oficial y el escepticismo social pone al Gobierno en una posición incómoda. Por un lado, necesitan el peso fuerte para frenar los precios; por otro, el atraso cambiario que esto genera empieza a asfixiar a las economías regionales.

El gran interrogante es cuánto tiempo podrá sostenerse este «dólar quieto» si la confianza no se recupera. En una Argentina que paga sus deudas pero no cura su memoria, la verdadera batalla no se libra en el tablero de Excel del Ministerio de Economía, sino en la psicología de un pueblo que ya no cree en los milagros cambiarios. Fte  fotografía I