ECONOMÍA: EL DILEMA DEL DÓLAR BAJO: ¿UN ALIVIO PARA LOS PRECIOS O UNA TRAMPA PARA LA ECONOMÍA REAL?
La persistente caída de los dólares financieros y el estancamiento del tipo de cambio oficial generan un escenario de calma cambiaria, pero encienden las alarmas en el Palacio de Hacienda. El riesgo de un ‘atraso cambiario’ amenaza con frenar las exportaciones y complica el plan de Luis Caputo para salir del cepo sin una devaluación traumática.
Mientras la mayoría de los argentinos miran con preocupación el precio de los alimentos, los analistas financieros observan con asombro la debilidad del dólar. La divisa ha perdido terreno frente a una inflación que, aunque desacelera, sigue corriendo muy por encima del valor del billete verde. Esta «pax cambiaria» es la principal ancla que utiliza el Gobierno para intentar frenar los precios, pero los especialistas advierten que se está acumulando una presión que podría volverse insostenible.
La trampa del atraso: Para el Ministro Luis Caputo, el dólar bajo es una medalla de corto plazo, pero un problema de largo alcance. Una moneda local sobrevaluada hace que la Argentina sea «cara en dólares», lo que desalienta a los exportadores de granos y de manufacturas industriales. Si el dólar no acompaña la suba de los costos internos (salarios, luz, insumos), las empresas prefieren importar en lugar de producir, lo que nos conecta directamente con la «arquitectura de apertura» que analizábamos anteriormente en esta edición.
¿Por qué baja el dólar?: Los factores son múltiples: desde la falta de pesos en la calle por el ajuste fiscal, hasta el ingreso de divisas por el blanqueo y la liquidación forzada de algunos sectores para pagar impuestos. Es, en esencia, un dólar de «recesión». La gente y las empresas venden sus ahorros para cubrir sus gastos corrientes, lo que aumenta la oferta y deprime el precio. Sin embargo, este equilibrio es precario y depende exclusivamente de que se mantenga la confianza en el programa fiscal.
El impacto en la industria local: El sector productivo es el más afectado por esta dinámica. Con un dólar planchado e insumos que suben, la rentabilidad de las PyMEs desaparece. Esto refuerza la advertencia de Miguel Ángel Pichetto sobre la «letalidad» del modelo: las fábricas quedan atrapadas entre una competencia importada barata y costos de producción internos que vuelan. El desafío de Caputo es cómo «normalizar» el precio del dólar sin que eso se traslade inmediatamente a la carne y al pan, profundizando el malestar social.
CONCLUSIÓN: El dólar bajo es hoy un calmante para una economía con fiebre, pero no es la cura definitiva. Si bien evita una corrida cambiaria en lo inmediato, está asfixiando a los sectores productivos que deberían liderar la recuperación. El Gobierno camina por una cuerda floja: si devalúa para recuperar competitividad, dispara la inflación; si mantiene el dólar planchado, corre el riesgo de quedarse sin reservas y sin fábricas. La «pax cambiaria» es, por ahora, un espejismo de estabilidad en una economía que sigue sin encontrar su piso.