POLÍTICA: EL MODELO DEL SACRIFICIO AJENO: ENTRE EL BLINDAJE DE «EL JEFE» Y LA CALLE QUE YA JUZGÓ
El «poder real» ya no está en los despachos, sino en una calle que empezó a dictar su propia sentencia.
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Por Redacción Multimedios Prisma
La Argentina atraviesa un momento de quiebre donde el relato oficial choca de frente con la realidad de las heladeras vacías. El plan económico de Luis Caputo y Javier Milei, defendido como una solución a largo plazo, parece diseñado para un universo selecto.
En un país de 56 millones de habitantes, las proyecciones sugieren que este esquema solo contiene a una minoría, mientras que el resto —especialmente jubilados, retirados de las fuerzas de seguridad y trabajadores formales— debe volcarse a la economía de la «changa» o el Uber para subsistir. Para quienes entregaron su vida al servicio del país, la paciencia que pide el Presidente es un lujo que su edad y sus deudas no les permiten.
Este descontento social ya se refleja en las encuestas, incluso en aquellas que antes favorecían al oficialismo, mostrando un descenso brutal en la imagen presidencial. El aislamiento es tal que el mandatario ha debido trasladar sus entrevistas a la Televisión Pública, abandonando los estudios de los canales que antes le eran «aceitados». Incluso los conductores que acompañaban la gestión se ven hoy obligados por el peso de la realidad a cuestionar lo que ocurre en el seno del poder. Allí, la figura de Karina Milei emerge como el último escudo de un Manuel Adorni que, según su propio biógrafo, está «políticamente muerto».
La Justicia, en un giro inusual de celeridad, ya no solo mira los papeles: ha citado desde el portero del edificio de Adorni hasta a los encargados de las costosas remodelaciones de sus propiedades. Las sospechas no son acusaciones, pero los datos son gélidos: operaciones millonarias, viajes al Caribe en efectivo y arreglos de lujo que no coinciden con las declaraciones juradas previas a su llegada al Estado.
Como bien señaló la escribana que actuó en las operacones de escrituración de Adorni, que señalo que en 15 años no comprò propiedades y en dos años se le dió todo junto
Ante este escenario, la oposición debe dejar la ideología de lado para ofrecer soluciones reales a una clase media que hoy es víctima de la usura financiera y el olvido legislativo.
El «poder real» ya no está en los despachos, sino en una calle que empezó a dictar su propia sentencia.
La Argentina atraviesa un momento de quiebre donde el relato oficial choca de frente con la realidad de las heladeras vacías. El plan económico de Luis Caputo y Javier Milei, defendido como una solución a largo plazo, parece diseñado para un universo selecto. En un país de 56 millones de argentinos, las proyecciones sugieren que este esquema solo contiene a una minoría, mientras que el resto —especialmente jubilados, retirados de las fuerzas de seguridad y trabajadores formales— debe volcarse a la economía de la «changa» o el Uber para subsistir.
Para quienes entregaron su vida al servicio del país, la paciencia que pide el Presidente es un lujo que su edad y sus deudas no les permiten.