LOS NUEVOS MOROSOS DE LA ARGITECIA: EL AHOGO FINANCIERO QUE EL OFICIALISMO ELIGE ESCONDER
Mientras la macroeconomía se entretiene midiendo la caída artificial de ciertos indicadores de endeudamiento a fuerza de refinanciaciones, la calle habla otro idioma.
Periodismo de opinión y análisis económico. Editorial firmado por Jorge. ALIAS: MULTIMEDIOS.PRISMA
Editorial: por Jorge Victorero Director del multimedios prisma
Los trabajadores y jubilados no reducen sus deudas por bonanza, sino porque se transforman en incobrables. Detrás de los números fríos del Banco Central se esconde una tragedia social silenciada y cajoneada deliberadamente en el Congreso.
Nos quieren convencer de que el sistema financiero se depura y que la marea de las deudas familiares baja su intensidad. Nos muestran planillas donde, con suerte y maña, los saldos en rojo se estiran o se patean hacia adelante mediante refinanciaciones eternas. Pero la realidad del mostrador, la que vive el vecino de a pie, es diametralmente opuesta: lo que estamos presenciando no es una solución, es una trampa mortal que empuja a miles de argentinos de la categoría de endeudados a la de nuevos morosos crónicos.
De acuerdo con diversos informes económicos y relevamientos del sector financiero informal y bancario, el porcentaje de familias que recurre al endeudamiento para pagar alimentos, tarifas y medicamentos no hace más que escalar, transformando al crédito de consumo en un salvavidas de plomo. Cuando el sueldo no rinde ni hasta el día 15, la única bicicleta posible es la de tapar un burofax con otro préstamo, hasta que el sistema dice basta. Y es allí donde los informes del propio Banco Central comienzan a reflejar lo inevitable: legiones de ciudadanos que pasan a figurar formalmente como «incobrables», no por decisión propia, sino porque la asfixia de los precios y los ingresos pulverizados hicieron matemáticamente imposible cualquier pago.
La complicidad legislativa y el cajoneo del sufrimiento
Frente a esta catástrofe social que carcome los hogares, la respuesta de la política tradicional ha sido el desprecio y la complicidad por omisión.
Los proyectos de ley orientados a brindar un alivio real a los endeudados —iniciativas que ya habían recorrido un camino institucional y se encontraban listas para ser debatidas en el recinto— sufrieron un freno rotundo. Días atrás, diputados del oficialismo, encabezados por figuras como la legisladora de apellido Giúdice, operaron para devolver esas iniciativas a comisión.
La lectura política es brutalmente clara: no quieren tratar el problema ni solucionarlo. Prefieren mirar hacia el costado, escudarse en el dogma de la crueldad fiscal y desentenderse de una sociedad que se endeuda para comer. Para este Gobierno, el drama del endeudamiento familiar no es una emergencia humanitaria, sino un daño colateral aceptable en su altar de la motosierra.
Análisis PRISMA: ¿Qué hacer cuando el sistema expulsa a los ciudadanos?
La pregunta que nos debemos hacer los que todavía creemos en una patria con dignidad es: ¿qué hacer ante este callejón sin salida?
Cuando los canales institucionales se cierran por capricho ideológico, cuando el Banco Central cataloga de «incobrables» a miles de trabajadores que solo intentaron sobrevivir, y cuando la dirigencia oficialista cajonea las leyes de rescate financiero, la respuesta no puede ser la resignación.
Es imperativo visibilizar el colapso del consumo interno, denunciar el modelo de la exclusión financiera y construir una alternativa política que devuelva el crédito al servicio de la producción y el trabajo, y no de la timba y la usura.
Porque un país donde sus habitantes pasan a integrar las listas negras del sistema financiero por intentar pagar la boleta de luz no es un país ordenado: es, lisa y llanamente, una sociedad fracturada.
