MENEM, VILLARRUEL Y LA FÁBULA DEL «MANDATO CUMPLIDO»: EL VERDADERO COSTO DEL AJUSTE QUE SUFRE LA GENTE
Las recientes declaraciones del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem —quien justificó el distanciamiento con la vicepresidenta Victoria Villarruel alegando que ella no sigue la «agenda de la gente que la votó» y que el Presidente fue electo estrictamente «para hacer lo que está haciendo»—, requieren un mentís categórico desde la realidad que se vive en la calle.
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Por Jorge Victorero
Director de Multimedios PRISMA y El Censor del Oeste
Argumentar que el 56% de los argentinos firmó un cheque en blanco para respaldar la parálisis productiva, el ahogo social y el desmantelamiento del mercado interno es desconocer profundamente el origen y la naturaleza del voto popular.
Ningún trabajador ni comerciante cuando escuchó la palabra «ajuste» imaginó que el costo iba a implicar terminar endeudado con una billetera virtual para llegar a fin de mes, ni ver cómo bajaba la persiana la pyme familiar de toda la vida.
La réplica a la postura de Menem no es una disputa teórica ni de palacio, sino el contraste directo entre la narrativa oficialista y la crisis socioeconómica en tres frentes clave:
El verdadero origen del voto: En el balotaje de 2023 no existió una adhesión dogmática e incondicional al ideario libertario.
Lo que se expresó en las urnas fue un voto castigo masivo al gobierno anterior y una exigencia urgente de estabilidad inflacionaria. La ciudadanía demandó frenar la espiral de precios, no autorizar el cierre de pequeñas empresas ni el ajuste sobre sectores sensibles como la salud, la discapacidad o la educación pública.
El costo sobre la producción nacional:
El descenso de la inflación exhibido por el Ejecutivo se sostuvo mediante una drástica contracción del consumo. Esa receta paralizó el mercado interno y ahogó a las pymes —generadoras del 70% del empleo en la Argentina—, disparando la desocupación en los principales cordones industriales del país y destruyendo el tejido productivo nacional.
El sobreendeudamiento como síntoma de subsistencia: Los registros que marcan casi 6 millones de deudores en el sistema bancario y en plataformas fintech expresan un drama social:
Las familias no toman crédito para bienes durables o esparcimiento, sino para cubrir tarifas, medicamentos, alquileres y comida.
Cuando los sueldos no cubren la canasta básica y las tasas de interés multiplican las deudas, la capacidad de resistencia del ciudadano común llega a su límite.
A este escenario se suman las crecientes dudas sobre la gestión de las reservas y los activos del Banco Central —como los movimientos vinculados al oro de la autoridad monetaria—, en un contexto donde la austeridad fiscal de las planillas oficiales no se refleja en la mesa de los argentinos.
La política suele medir el éxito en cifras macroeconómicas y triunfalismo de gestión, pero la sustentabilidad de cualquier proyecto depende de la vida concreta de la gente. Responder a los reclamos sociales acusando de «disociación» a quienes marcan matices institucionales solo expone la brecha, cada vez más profunda, entre el discurso oficial y la realidad diaria de la calle.