LA MOROSIDAD EN LAS PYMES SE MULTIPLICÓ POR CINCO Y GENERA ALERTA POR EL TENSIONAMIENTO DE LA CADENA DE PAGOS
Un informe reveló que el atraso superior a 90 días en créditos corporativos saltó del 0,7% al 3,7%, afectando a más de 37.000 empresas. La construcción, el comercio y el rubro textil encabezan los incumplimientos, mientras el sector financiero comienza a endurecer las condiciones crediticias hacia las pequeñas y medianas empresas.
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El deterioro de la actividad en los sectores vinculados al mercado interno empezó a trasladarse de forma directa a los balances empresariales. Según un relevamiento privado en base a datos del sistema financiero, la mora en los préstamos otorgados a empresas se quintuplicó, alcanzando al 3,7% del total de la cartera corporativa, frente al 0,7% registrado a fines de 2024.
La acumulación de deudas e incumplimientos muestra una marcada brecha según el rubro productivo y el tamaño de la firma:
Sectores más golpeados: La construcción encabeza el nivel de morosidad con un 7,7%, seguida por el comercio con el 6,5%. En el ámbito industrial, la rama textil y del cuero registra el pico más crítico, alcanzando un 14,6% de atraso crediticio. En contraste, actividades extractivas y energéticas mantienen niveles de mora inferiores al 0,5%.
Concentración en pequeñas y medianas empresas:
La irregularidad financiera se focaliza en las unidades de menor escala. En los créditos inferiores a $5 millones, el ratio de mora trepa al 9,3%, mientras que en las grandes corporaciones se ubica en apenas un 1,8%. El universo de empresas en situación irregular se expandió de 16.200 a casi 37.500 firmas.
Tensión en la cadena de pagos:
De acuerdo con relevamientos del sector pyme, el retraso con los bancos representa el último eslabón del ahogo financiero. Ante la caída de ventas, las empresas postergan en primera instancia los pagos a proveedores (15,3%) y las obligaciones impositivas (17,3%), recurriendo al incumplimiento bancario (8,6%) únicamente cuando se agota la liquidez básica para operar.
El salto en la irregularidad crediticia encendió las señales de alerta en el sistema bancario, que comenzó a endurecer los criterios de calificación y el acceso a nuevos créditos, restringiendo aún más el financiamiento para el capital de trabajo de las pymes.