lunes 31 de agosto de 2026 21:11:26

POLÌTICA Y ECONOMÌA: EL PAÌS LLEVA MAS DE SIETE DÈCADAS ATRAPADA EN UNA DINÁMICA PERVERSA

Un análisis sobre las causas estructurales que arrastra el país desde hace más de siete décadas y los dilemas que enfrenta el actual modelo económico frente a la economía real.

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La Argentina no empezó a crujir hace veinte años ni su crisis se explica por la gestión de un único gobierno. Quienes peinan canas y han recorrido las distintas páginas de nuestra historia reciente saben perfectamente que el país lleva más de siete décadas atrapado en una dinámica perversa: el péndulo irresponsable entre épocas de expansión del gasto sin sustento y períodos de ajuste severo que terminan destruyendo el tejido social y productivo.

Desde el endeudamiento de la dictadura y las crisis de los ochenta, pasando por el espejismo de la Convertibilidad en los noventa y los desequilibrios acumulados en las últimas décadas, el diagnóstico de fondo siempre ha sido el mismo: la incapacidad de construir un modelo de desarrollo estable que concilie el orden macroeconómico con la producción nacional y el bienestar de la gente.

En el escenario político actual, la construcción de un antagonista como el kirchnerismo ha funcionado como el motor narrativo perfecto para justificar un ajuste de shock sin precedentes. Sostener que «no había otra alternativa» permitió encuadrar el sacrificio social no como una decisión ideológica, sino como una anestesia inevitable frente a la catástrofe. Sin embargo, centrar toda la responsabilidad en un solo ciclo político omite la fragilidad estructural que la Argentina arrastra desde hace generaciones.

Los números de la macroeconomía —el superávit fiscal, la emisión cero o la desaceleración de los índices de inflación— pueden lucir impecables en la planilla de un despacho oficial. Pero cuando esos logros se consiguen a costa de la licuación de las jubilaciones, la paralización de las PyMEs, la pérdida de puestos de trabajo y el endeudamiento de las familias para pagar la luz o los medicamentos, la desconexión con la realidad se vuelve peligrosa.

Hay una regla no escrita en la política: las sociedades pueden votar con la memoria durante el primer año de gestión, pero empiezan a votar estrictamente con el bolsillo a partir del segundo. Sin mercado interno no hay PyMEs que resistan; sin ventas no hay recaudación que sostenga las cuentas del Estado; y sin un Estado empático que contenga a sus ciudadanos, la paz social se erosiona. Si la estabilidad financiera no logra transformarse en reactivación concreta para el jubilado, el comerciante y el trabajador, la historia argentina volverá a repetir su lección más amarga: que cuando la teoría aplasta a la economía real, el margen social termina agotándose.