EDITORIAL: LA ILUSIÓN DE LA INFLACIÓN EN BAJA Y LA REALIDAD DEL DÓLAR QUE NO DA TREGUA
El equipo económico celebra la desaceleración de los índices de precios como un triunfo definitivo, pero la creciente tensión en el mercado cambiario expone las fragilidades de un esquema que aún no logra transmitir tranquilidad al bolsillo de los argentinos.
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Por Jorge Victorero Director MULTIMEDIOS PRISMA
Las cifras oficiales y las planillas del Ministerio de Economía suelen ofrecer un relato de éxito técnico que choca de frente con la calle. El Gobierno nacional exhibe como su mayor activo la desaceleración de la inflación, celebrando cada punto de caída en las mediciones mensuales como una prueba irrefutable de que el rumbo elegido es el único posible. Sin embargo, la economía real dista de ser una ecuación matemática perfecta.
La contracara de este enfriamiento de precios es una desaceleración profunda del consumo y una pérdida constante del poder adquisitivo que afecta tanto a la clase media como a los sectores más vulnerables. Para millones de familias, la inflación «baja» no significa que las cosas sean más accesibles, sino que la capacidad de gasto ha llegado a un límite biológico donde ya no se puede consumir más.
A este panorama de recesión interna se le suma la reaparición de un viejo conocido del escenario nacional: la fiebre por el dólar. El aumento en la demanda de divisas y el estiramiento de la brecha cambiaria revelan que los mercados y los ahorristas siguen sin percibir una red de contención sólida. Cuando el Banco Central debe destinar esfuerzos constantes para frenar la cotización o comprometer reservas escasas, la confianza prometida se convierte en prudencia defensiva.
El desafío del Poder Ejecutivo no pasa por ganar la batalla de las planillas ni por aferrarse a la dogmática económica. Gobernar implica entender que la estabilidad verdadera solo se alcanza cuando el ordenamiento de las cuentas públicas se traduce en desarrollo, empleo y alivio concreto para la sociedad. Mientras el dólar vuelva a marcar la agenda de la incertidumbre, la baja de la inflación seguirá siendo una victoria incompleta.