miércoles 26 de agosto de 2026 13:49:05

EL ROL DEL PERIODISMO NO ES SER PROPAGANDA OFICIAL SINO REFLEJAR LA REALIDAD DE LA SOCIEDAD

Frente a recientes planteos mediáticos que sugieren moderar la difusión de malas noticias para no condicionar la marcha económica o la imagen del Gobierno, se vuelve indispensable reafirmar el compromiso del periodismo con la verdad.

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EDITORIAL; POR JORGE VICTORERO DIRECTOR DEL MULTIMEDIOS PRISDMA

La comunicación oficial tiene la tarea de difundir logros; el periodismo profesional tiene la obligación de señalar aquello que falta, duele y afecta la vida diaria de la ciudadanía.

En el debate contemporáneo sobre los medios de comunicación ha resurgido una postura que, bajo el argumento de no entorpecer la marcha económica ni desalentar a la población, propone atenuar la cobertura de las dificultades socioeconómicas que atraviesa el país. Esta visión —expresada por figuras de amplia trayectoria como el periodista Antonio Laje— abre una discusión de fondo sobre la verdadera naturaleza y función social de la prensa.

Si bien la búsqueda de previsibilidad y clima de negocios es una aspiración legítima para cualquier administración gubernamental, atribuir al periodismo la responsabilidad de moderar el impacto del descontento resulta un error conceptual severo. La tarea de articular narrativas favorables, anunciar medidas de gestión y destacar los aciertos corresponde a las áreas de comunicación del Estado. Exigir que los medios independientes adopten esa misma agenda implica desdibujar la frontera entre la información pública y la propaganda.

El periodismo no existe para validar el discurso del poder ni para matizar las penurias de la sociedad en función del termómetro político de turno. Su valor democrático radica precisamente en la capacidad de indagar, fiscalizar y exponer las realidades que incomodan: los salarios que no alcanzan, la mora persistente, el desempleo y el sobreendeudamiento de las familias. Omitir o suavizar estos hechos con el argumento de «colaborar» con un programa económico no genera bienestar real; simplemente priva al ciudadano de su derecho constitucional a estar verdaderamente informado.

Respetar la trayectoria de colegas experimentados no impide señalar la peligrosidad de pretender que la prensa actúe como un amortiguador social. El periodismo no debe pedir disculpas por informar la realidad, por dura que sea. La confianza del público no se construye vendiendo un optimismo impostado, sino sosteniendo la firmeza de mirar los hechos de frente y darle voz a quienes padecen sus consecuencias.