LA DESINFLACIÓN A UN DÍGITO ANUAL PUEDE TARDAR HASTA UNA DÉCADA, SEGÚN ANTECEDENTES REGIONALES
Un informe financiero basado en la historia económica de América Latina advierte sobre la lentitud del proceso de consolidación de precios. Aunque las proyecciones de corto plazo anticipan estabilidad cerca del 2% mensual, la convergencia hacia inflaciones de un solo dígito anual requiere un sendero de varios años de rigor fiscal y monetario.
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El proceso de desinflación de la economía argentina enfrenta un desafío histórico de largo aliento. Según un informe elaborado por el bróker Invertir en Bolsa (IEB) a partir de los antecedentes de América Latina, reducir la inflación desde niveles de dos dígitos hasta alcanzar una meta anual de un solo dígito puede demandar entre dos años y un decenio completo. El análisis advierte que, si bien la fase inicial de desaceleración suele mostrar avances rápidos, el tramo final de consolidación requiere un esfuerzo sostenido de política monetaria y fiscal para erradicar la inercia.
El documento contrasta las experiencias exitosas y graduales del continente. Países como Brasil y Ecuador lograron la convergencia en plazos de dos años, mientras que economías como México, Perú y Uruguay requirieron cuatro años de disciplina para perforar el piso del 10% anual. En el otro extremo, esquemas de estabilización en Chile, Colombia, Paraguay, Honduras y El Salvador demoraron entre seis y diez años para consolidar inflaciones bajas de forma permanente, lo que refleja la complejidad estructural que implica extirpar la dinámica de aumentos en países con historial inflacionario.
En la coyuntura local, los analistas de mercado señalan que las mediciones de alta frecuencia prevén que el Índice de Precios al Consumidor se estabilice en la zona del 2% mensual, traccionado por un sesgo monetario contractivo y la contención del tipo de cambio. No obstante, factores de presión como los reajustes postergados en tarifas de servicios públicos y combustibles imponen un piso a la baja, confirmando que la batalla por llevar el costo de vida a estándares internacionales demandará estabilidad macroeconómica prolongada más allá del corto plazo.