EE.UU: MOROSIDAD RÉCORD «LA ALERTA LLEGÓ A WALL STREET Y GENERA PREOCUPACIÓN POR EL CRÉDITO Y EL CONSUMO»
El vertiginoso aumento de la morosidad en el sistema financiero argentino encendió las alarmas de los bancos locales y captó la atención de los analistas de Wall Street.
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Tras varios meses en los que el crédito funcionó como el principal sostén del consumo familiar, el encarecimiento de los costos fijos y el estancamiento de los ingresos reales llevaron a un incumplimiento récord en la cancelación de deudas, amenazando con paralizar el financiamiento y profundizar el freno en la actividad económica.
El rápido deterioro en la capacidad de pago de los hogares argentinos escaló hasta convertirse en un foco de inquietud para los inversores internacionales.
Un informe reciente puesto bajo la lupa en Wall Street advierte que la tasa de irregularidad crediticia de las familias alcanzó su nivel más alto en dos décadas, impulsada por el vencimiento de tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamientos de consumo no bancarios que resultan imposibles de afrontar para vastos sectores de la población.
El fenómeno presenta un fuerte rasgo regresivo: se concentra de manera crítica en compromisos financieros de bajo y mediano monto, utilizados por los hogares para financiar gastos cotidianos y servicios esenciales.
Mientras los índices de mora en el sistema bancario tradicional registraron subas sustanciales, el escenario es aún más complejo en las entidades no financieras y plataformas fintech, donde la morosidad trepó a niveles alarmantes. Esta acumulación de compromisos impagos no solo golpea la liquidez de los prestamistas, sino que agota el margen crediticio disponible para las familias.
Las perspectivas para la economía real resultan complejas. Ante este panorama, el sistema financiero comenzó a endurecer las condiciones para el otorgamiento de nuevos créditos, cancelando el rol dinamizador que el endeudamiento privado tuvo para sostener el consumo doméstico durante los últimos períodos.
Asimismo, analistas advierten que una eventual recomposición de los salarios reales no se traducirá de forma inmediata en una mayor demanda de bienes, sino que será destinada prioritariamente al desendeudamiento de las familias, ralentizando los plazos de recuperación del mercado interno.