jueves 16 de julio de 2026 01:07:20

EL DEBATE DETRÁS DEL DATO: LA INFLACIÓN DE JUNIO FUE DEL 1,9%, PERO LA CANASTA POSTERGADA REVELA OTRA REALIDAD

Aunque el Indec celebró la desaceleración de los precios por debajo del piso simbólico del 2%, las proyecciones privadas demuestran que el índice oficial arrastra un rezago metodológico clave.

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dio a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a junio, registrando una variación mensual del 1,9%.

La cifra consolida de forma fáctica tres meses consecutivos de desaceleración gradual y ubica la inflación acumulada del primer semestre en el 16,8%, mientras que el interanual se posiciona en el 33,5%.

Para la mirada analítica de nuestra Redacción en PRISMA, este número representa un fuerte activo político para el equipo económico, que logra por primera vez quebrar la barrera del 2%.

Sin embargo, detrás del festejo oficial en el mostrador del debate público, subyace una discusión técnica de gran peso metodológico: el Gobierno nacional optó por postergar la implementación de la nueva canasta de consumo actualizada.

Según estimaciones privadas, si se hubiese aplicado la nueva metodología basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/18 —que el propio Gobierno decidió postergar—, el dato real de inflación de junio habría sido superior al informado. Cálculos de la consultora Equilibra revelan que, bajo el nuevo esquema con base 2025=100, la inflación de junio habría escalado al 2,1%, acumulando un 18,0% en el primer semestre del año (frente al 16,8% del Indec).

La diferencia metodológica no es menor:

La postergación del nuevo índice opera de manera fáctica en el bolsillo de la sociedad, dado que un IPC más alto hubiese obligado por ley a una mayor actualización previsional de los haberes para jubilados, pensionados y beneficiarios de asignaciones de la Anses que hoy deben enfrentar los duros costos del día a día en el llano comunitario.

Con la moneda en el aire y la discusión abierta respecto a la real fisonomía de los precios en las góndolas, el indicador oficial continúa operando bajo ponderaciones desactualizadas que no reflejan fielmente los hábitos de consumo modernos de los argentinos.

Esta brecha entre el índice publicado y el cálculo actualizado de las consultoras vuelve a poner en evidencia que, en el plano del análisis riguroso, la desaceleración de precios que muestra el mostrador oficial contiene matices metodológicos que los analistas y la opinión pública no deben pasar por alto.