lunes 29 de junio de 2026 00:19:48

POLÌTICA: EL REBOTE DE LA CASTA O EL RESETEO DE LA GOBERABILIDAD, «QUE OCULTA EL DESEMBARCO DE SANTILLI»

La eyección de Manuel Adorni expone la primera gran claudicación del relato del «Triángulo de Hierro». Con la mira puesta en las elecciones del próximo año, la Casa Rosada cede la Jefatura de Gabinete al PRO para blindar la gestión. Sin embargo, el verdadero sismo pasa por la encrucijada de los gobernadores y una economía atada con alambre: entre los pizarrones del INDEC y la realidad indoblegable del dólar.

SANTILLI Y LAS PROVINCIAS

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EDITORIAL POR: JORGE VICTORERO DIRECTOR MULTIMEDIOS PRISMA

La salida de Manuel Adorni del núcleo duro de la gestión pública —completada de forma fáctica con su renuncia obligada al millonario directorio de YPF— marca el fin de un letargo de más de cien días de parálisis política y abre una etapa de nula flexibilidad estructural dentro del esquema libertario.

El ingreso de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete e Interior representa un intento científico por robustecer las segundas líneas de negociación, pero, por sobre todas las cosas, configura la confesión fáctica de que el oficialismo no puede gobernar en soledad.

Para los analistas y encuestadores que auscultan el llano, este movimiento de piezas expone con nitidez la urgencia de la Casa Rosada por maquillar la mala atención que genera la crisis ante la inminencia del calendario electoral del próximo año.

El gran interrogante que se instala en el mostrador del análisis político es si Javier Milei se verá obligado a timonear un cambio de rumbo en su dogmática política económica para evitar un bache catastrófico en las urnas, o si mantendrá una nula flexibilidad insistiendo en un esquema de ajuste permanente.

En la trinchera del Palacio de Hacienda, el ministro Luis Caputo continúa atrapado en el letargo cíclico de solicitar financiamiento externo para cubrir vencimientos de deuda previa, un torniquete financiero que los analistas miran con creciente desconfianza y que no logra traducirse en alivio para el consumo interno.

Es que en el mostrador de la vida cotidiana, las variables no registran tregua. Mientras el relato oficial celebra de forma líquida una supuesta desaceleración en los pizarrones del INDEC, el bolsillo del ciudadano de a pie se rige por otra pericia científica mucho más rigurosa: la inflación del dólar.

Es una verdad indoblegable que de esa divisa depende, de manera directa o soterrada, el andamiaje de precios de todos los argentinos. La desconfianza cambiaria pulveriza de forma constante el poder adquisitivo, demostrando que ninguna planilla técnica del Estado puede hacer que la gente se olvide de lo mal que vive en este riguroso invierno de 2026.

Ante esta realidad, la llegada de Santilli abre un escenario complejo para los gobernadores de las provincias, quienes miran con cautela el nuevo diseño del poder real.

Santilli no es Adorni; no pertenece al riñón ideológico de Milei y la gran duda de los mandatarios provinciales es si la Casa Rosada le otorgará el poder real para negociar o si lo dejará con las manos atadas.

En el llano de la política federal, «negociar» significa de forma fáctica aportar el dinero y los recursos que las provincias necesitan con desesperación para sostener sus administraciones.

Donde Santilli deberá poner la máxima atención —y donde se juega su fisonomía de cara al futuro— es en la Provincia de Buenos Aires.

El nuevo Jefe de Gabinete se enfrenta a una encrucijada indoblegable: ¿cómo hará para no atender las urgencias del territorio bonaerense sin dinamitar sus propias aspiraciones electorales?.

Si elige la sumisión a la disciplina fiscal de Olivos y desoye el clamor de los municipios, estará ofreciendo un bache insalvable en su plataforma. Los argentinos de la provincia, que ya evalúan y deben pensar detenidamente si lo votarán o no en las próximas contiendas, no tolerarán un delegado que priorice el relato centralista por sobre las necesidades líquidas de su propio suelo.

En el tablero de la alta política, Mauricio Macri emerge como el gran triunfador de esta crisis de gabinete; tras meses de presionar sobre la falta de experiencia del entorno presidencial, el PRO estructural recupera una capacidad de fuego indispensable en las decisiones estatales.

Mientras Patricia Bullrich se adjudica una victoria de cartelera al haber esmerilado al riñón saliente, la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, y Santiago Caputo sufren una derrota política líquida al verse obligados a entregar a su vocero estrella para evitar un revés legislativo irreversible.

Frente a este escenario, la traza de la Redacción concluye en que Santilli es un articulador pragmático y sabe que esta apuesta representa un arma de doble filo.

Si logra destrabar los fondos y ordenar el andamiaje del Estado sin traicionar su proyección territorial, consolidará de forma potencial su camino a la Gobernación; pero si el terremoto económico profundiza el bache social y el mostrador de las provincias queda vacío, habrá quedado pegado a un desgaste estructural que lo hará trastabillar de manera definitiva ante la mirada atenta de un electorado que ya no acepta promesas en el aire.