REVÉS FINANCIERO INTERNACIONAL: MSCI MANTENDRÍA A LA ARGENTINA EN CATEGORÌA «STANDALONE» Y POSTERGARÍA LA RECLASIFICACIÓN
La influyente calificadora global Morgan Stanley Capital International no elevaría el estatus del mercado soberano para este año. Las pericias de Wall Street señalarían que la vigencia del cepo y las restricciones cambiarias operarían como un torniquete insalvable para los fondos extranjeros.
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DE NUESTRA REDACCIÓN.–
El andamiaje de las expectativas financieras que el Ministerio de Economía de la Nación pretendía consolidar de cara al mercado internacional sufriría un severo bache de confianza en las últimas horas de este martes 23 de junio.
De acuerdo con las pericias informativas procedentes de las principales mesas de dinero de Wall Street, la firma global Morgan Stanley Capital International (MSCI) habría tomado la determinación científica de mantener a la República Argentina dentro de la calificación de mercado «Standalone» (aislado), descartando de forma fáctica cualquier posibilidad de reclasificación para el presente año calendario.
La medida representaría una nula flexibilidad por parte de los pizarrones de inversión externos, que continuarían observando al escenario macroeconómico local como una plaza de alto riesgo e imprevisibilidad impositiva.
Al pasar el dictamen internacional por el bisturí de la Redacción, la traza de los acontecimientos sugeriría que el mantenimiento del torniquete cambiario —popularmente denominado cepo— habría operado como el factor medular para obturar el ascenso a la categoría de Mercado de Frontera o Emergente.
A pesar de los ruidos de pasillo que ensayaban terminales del oficialismo respecto a un presunto clima de acompañamiento por parte de los capitales de riesgo, las auditorías de MSCI concluirían que las restricciones vigentes para la libre remisión de utilidades hacia el exterior y la falta de unificación líquida del tipo de cambio constituirían trabas materiales insalvables para el ingreso de flujos de capital institucional a las carteras de las principales empresas argentinas.
Las derivaciones de este letargo en los pizarrones globales y su impacto en el mostrador doméstico se articularían de forma potencial a través de tres andariveles críticos:
El bloqueo científico a los grandes fondos de inversión: Las pericias de los analistas bursátiles indicarían que la permanencia en el estatus de «Standalone» colocaría de forma fáctica a las acciones y bonos soberanos fuera del radar de los fondos de pensión y carteras comunes de inversión del exterior.
Al estar tipificada la plaza local bajo un criterio de aislamiento financiero, los estatutos de estos grandes jugadores impositivos les prohibirían inyectar divisas de forma líquida en el país, limitando el financiamiento internacional a meras operaciones especulativas de cortísimo alcance en el llano de la City porteña.
El impacto en el valor de las empresas nacionales:
Ruidos de pasillo procedentes del panel de acciones argentinas (ADRs) que cotizan en Nueva York advertirían que la postergación de la reclasificación activaría un bache de corrección a la baja en los pizarrones energéticos, bancarios y textiles.
Al frustrarse la expectativa de un flujo de ingresos genuino, el andamio de cotizaciones que el oficialismo exhibía como un supuesto logro de gestión comenzaría a mostrar signos científicos de fatiga, incrementando la brecha cambiaria frente a un dólar libre que ya transita sus máximos históricos desde el mes de enero.
La encrucijada del cepo ante las urgencias del trimestre:
Las auditorías políticas del despacho señalarían que la resolución de MSCI colocará a las segundas líneas del Palacio de Hacienda ante una encrucijada de nula flexibilidad. Para salir del letargo de «mercado aislado», la Casa Rosada deba desmantelar el andamiaje del control de cambios de forma fáctica; sin embargo, al no contar con reservas líquidas suficientes en el Banco Central para absorber una eventual corrida impositiva, la liberación del mostrador cambiario podría derivar de forma potencial en un nuevo sismo inflacionario que deprima aún más el consumo interno en este trimestre invernal.
La confirmación de este freno internacional colocará a las espadas económicas del Gobierno Federal ante un estricto límite de sustentabilidad discursiva ante la opinión pública y el círculo rojo de la producción.
Las pericias y las intervenciones que el mostrador de finanzas intente ensayar en las próximas jornadas de operaciones resultarán medulares para constatar si las fuerzas oficiales logran atenuar el impacto del dictamen de MSCI o si la cruda realidad de los pizarrones de Wall Street termina por consolidar un escenario de parálisis de inversiones que el poder real ya no lograría maquillar bajo criterios de mero optimismo literario.