POLÍTICA: EL CONTRASTE DEL 4 DE JULIO, LAS RAZONES DE UN NUEVO VIAJE PRESIDENCIAL A WASHINGTON
La confirmación del viaje número 18 de Javier Milei a Estados Unidos para participar de los festejos de su independencia expone la asimetría en la diplomacia presidencial y los motivos de un alineamiento que no encuentra reciprocidad en los usos y costumbres de la Casa Blanca.
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El anuncio de que el presidente Javier Milei viajará a Washington para conmemorar el 4 de julio junto a Donald Trump reabrió el debate sobre la intensidad y el costo de la agenda exterior del mandatario argentino. La pregunta sobre por qué un jefe de Estado extranjero asiste a la fiesta nacional de otra potencia, mientras que el presidente de ese país jamás haría lo mismo con el 25 de Mayo o el 9 de Julio, expone dos lógicas completamente diferentes: el peso de la tradición protocolar norteamericana y la estrategia de sobreactuación geopolítica de la actual administración de la Casa Rosada.
Por el lado de Estados Unidos, rige un estricto principio de soberanía y centralidad global. Sus mandatarios no asisten a los festejos patrios de otras naciones porque la doctrina diplomática de Washington se basa en que el presidente estadounidense solo se desplaza por cumbres multilaterales, visitas de Estado bilaterales con agendas ejecutivas muy específicas, o razones de seguridad nacional. Para las fechas patrias de terceros países, la tradición dicta el envío de una felicitación formal por canales diplomáticos o la representación a través de su embajador local. Para el poder político norteamericano, la presencia de su líder en un festejo ajeno rompería la histórica asimetría que Washington busca mantener con el resto del mundo, especialmente con América Latina.
En la vereda opuesta, el viaje de Milei responde a una lógica de «alineamiento incondicional» y beneficio político mutuo. No se trata de una celebración común: este 4 de julio se conmemora un aniversario de enorme relevancia simbólica para la actual gestión de la Casa Blanca, y Trump busca capitalizarlo rodeándose de aliados internacionales que convaliden su liderazgo. Para el Gobierno argentino, la foto junto al mandatario estadounidense y la participación en el desfile naval de Nueva York —donde también estará la Fragata Libertad— se leen como activos para la política doméstica, presentados como muestras de que el país juega en las «grandes ligas» globales, aun cuando esos gestos rara vez se traduzcan en inversiones automáticas o en un trato recíproco por parte de la primera potencia mundial.