viernes 24 de abril de 2026 12:13:25

ECONOMÍA: DEUDORES EN EL ABISMO: EL SISTEMA FINANCIERO CRUJE Y CRECE EL RECLAMO DE UNA LEY DE SALVATAJE

El sistema de créditos en Argentina ha entrado en una fase de «silencio de radio». Mientras los bancos y las Fintech intentan refinanciar deudas con cuotas más bajas pero intereses asfixiantes, el deudor ya no contesta el teléfono. Ante el fracaso de las soluciones privadas, resurge con fuerza la demanda de una intervención legislativa similar a la del 2001, que detenga el remate de la vida económica de las familias argentinas antes de que el colapso sea irreversible.

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La realidad que reflejan los informes de morosidad es inapelable: el salto en la cantidad de créditos impagos atraviesa a toda la pirámide social. Bancos, tarjetas de crédito y, fundamentalmente, las Fintech —que operan con tasas que rozan la usura— se encuentran con un muro de silencio. Los planes de refinanciación propuestos por el sector financiero no son más que un «parche de intereses» que engrosan una deuda ya impagable, llevando a los ciudadanos a una espiral de endeudamiento que drena el poco consumo masivo que queda en pie.

Desde el análisis del Poder Real, la situación evoca los días más oscuros del 2001. En aquel momento, fue necesaria una Ley que protegiera a los deudores hipotecarios, permitiendo que el Estado mediara para que la gente no perdiera sus hogares y pudiera pagar en condiciones humanas. Hoy, el modelo económico ha empujado a millones al uso de la tarjeta para comprar comida, creando una deuda «de supervivencia» que el mercado por sí solo no puede resolver. La falta de respuesta de los deudores a los llamados de cobranza no es desidia; es la confirmación de que el sistema ha agotado la capacidad de pago del pueblo.

Desde la redacción de PRISMA, sostenemos que sin una Ley de Emergencia Crediticia que establezca un tope a los intereses punitorios y contemple la realidad de los ingresos actuales, el aumento de la morosidad terminará por secar definitivamente la plaza comercial. El Estado no puede ser un espectador ante el avance de las financieras sobre los salarios de los trabajadores. Como ocurrió en las grandes crisis del pasado, se requiere una solución política que priorice la estabilidad de las familias por sobre el balance de las entidades crediticias.