LAS MALVINAS SON ARGENTINAS «LA SOBERANÍA QUE NOS UNE Y LAS DEUDAS QUE NOS DIVIDEN»
Mañana, cuando suenen las trompetas y los centros de veteranos del Oeste inicien su marcha, no solo estaremos pidiendo por las islas. Estaremos pidiendo por una Argentina que se parezca más a sus héroes: valiente, solidaria y, sobre todo, justa.
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Editorial por: Jorge Victorero- Director Multimedios Prisma
Mañana, 2 de abril, la Argentina se detiene frente al altar de sus héroes. A 44 años de la recuperación de nuestras Islas Malvinas, el sentimiento nacional aflora con la misma fuerza de siempre. Pero este aniversario no es uno más; nos encuentra en una patria que, mientras reclama soberanía sobre un archipiélago lejano, parece estar perdiendo la soberanía sobre el bienestar de su propio pueblo.
Honor a los que no volvieron y a los que resisten
Desde estas páginas, el primer pensamiento es para los 649 soldados que quedaron custodiando el turbal malvinense y para los veteranos que caminan entre nosotros, muchas veces olvidados por el Estado pero abrazados por la gente. En el Oeste, donde cada barrio tiene un nombre, una plaza o un centro de combatientes que mantiene viva la llama, sabemos que Malvinas no fue una «aventura», sino el acto de entrega más puro de una generación que no preguntó por qué, sino dónde debía estar.
La soberanía es el plato de comida
Sin embargo, no podemos ser hipócritas. La soberanía no es solo una bandera flameando en el Atlántico Sur; la soberanía también se ejerce garantizando que el pueblo que habita el continente pueda vivir con dignidad. ¿Qué soberanía defendemos cuando 2 millones de argentinos caen en la desocupación y la informalidad? ¿Cómo honramos a nuestros héroes cuando la clase media debe endeudarse con tasas usureras de las Fintech para pagar el mínimo de la tarjeta? Malvinas nos enseña que el territorio es sagrado, pero la gente que lo habita también debería serlo para quienes nos gobiernan.
Una política de gestos vacíos
Este 2 de abril nos muestra una postal de desunión en la cima del poder. Con agendas divididas entre el Presidente y la Vicepresidenta, y un conflicto abierto con las provincias por el «ahogo» financiero, la política parece haber olvidado la lección de unidad que nos dieron los soldados en las trincheras. Malvinas es la única causa que nos queda donde no hay grieta, y resulta doloroso ver cómo se intenta utilizar la fecha para medir fuerzas internas o para tapar, con discursos de barricada, la realidad de un ajuste que asfixia al laburante.
Conclusión: La vigilia permanente
Mañana, cuando suenen las trompetas y los centros de veteranos del Oeste inicien su marcha, no solo estaremos pidiendo por las islas. Estaremos pidiendo por una Argentina que se parezca más a sus héroes: valiente, solidaria y, sobre todo, justa.
Reclamar las Malvinas es un imperativo constitucional e histórico, pero construir una nación donde valga la pena vivir es nuestra obligación diaria. Que el sacrificio de 1982 no sea en vano; que nos sirva para entender que la verdadera patria se defiende todos los días: en la escuela, en el hospital público y en la mesa de cada argentino.