EDITORIAL: LA MEMORIA DEL ABISMO Y EL DESAFÍO DE LA NORMALIDAD
Gobernar por contraste es fácil; lo difícil es gobernar por resultados que el ciudadano sienta en el bolsillo, no solo en los gráficos de la Bolsa
Por Jorge Victorero. En el fragor de la pelea política entre el Gobierno Nacional y la Provincia, surge a menudo un argumento que invita a la reflexión: «¿De qué nos quejamos si venimos de un Riesgo País de 2.900 puntos, una brecha cambiaria del 200% y una emisión de pesos que era una catarata sin control?». Es un dato de la realidad que no se puede borrar con el codo. La herencia recibida por la actual gestión fue, sin eufemismos, un campo minado económico.
De la catástrofe a la incertidumbre Es cierto: pasamos de un Riesgo País que nos sacaba del mapa (casi 3.000 puntos) a uno que hoy merodea los 600. Pasamos de una brecha que hacía imposible cualquier comercio exterior a una que, aunque con tensiones, es una fracción de lo que fue. La emisión descontrolada fue reemplazada por una «escasez de pesos» que, si bien es dolorosa y recesiva, frenó la inercia de una hiperinflación que parecía inevitable. Negar esta mejora es faltar a la verdad estadística.
El peligro de comparar con el fondo del mar Sin embargo, el éxito de una gestión no puede medirse eternamente comparándola con el peor momento de la historia reciente. Si un paciente llega a la guardia con diez balazos y el médico logra salvarlo, es un milagro. Pero si seis meses después el paciente no puede caminar porque el médico no le da la rehabilitación adecuada, el milagro se queda a mitad de camino.
Hoy, el Riesgo País rebota en 600 puntos no porque el mercado extrañe el pasado, sino porque duda del futuro. La duda no es sobre si estamos mejor que en 2023 (claramente lo estamos), sino sobre si este modelo puede sostenerse con la paz social rota, con paritarias del 3% que los gremios escupen y con una interna política que trata de «vecina chusma» a la Vicepresidenta de la Nación.
Conclusión: Salir del «Mal Menor» Argentina no puede conformarse con estar «menos peor» que en el final del kirchnerismo. El argumento de los 2.900 puntos sirve para entender el punto de partida, pero no puede ser la excusa para el estancamiento de hoy. El desafío de Milei y de Kicillof es demostrar que pueden construir una «normalidad» donde el sueldo alcance, la obra pública se termine y la política se hable con respeto institucional.
Gobernar por contraste es fácil; lo difícil es gobernar por resultados que el ciudadano sienta en el bolsillo, no solo en los gráficos de la Bolsa. La memoria del abismo debe servirnos para no volver atrás, pero nunca para dejar de exigir un camino firme hacia adelante. Periodismo de análisis profundo. Apoyá a Multimedios PRISMA. Alias: MULTIMEDIOS.PRISMA