viernes 1 de marzo de 2024 07:27:53

LA LECCIÓN DE SANTA FE, POR QUÉ NO CRECE SERGIO MASSA Y EL INSTINTO DE MAURICIO MACRI

La elección provincial dejó enseñanzas para oficialismo y oposición.

El resultado de Córdoba abre una nueva etapa en la oposición. Es la fuerza a la que todos miran, por la puja en la cúpula entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, mientras que el peronismo ya clavó su lista (casi) única con Massa-Rossi. Admiten la necesidad de mostrarse unidos después un año de dardos y zancadillas.

La metralla de campaña intenta transmitir al público el mensaje de que estamos frente a un big bang centrífugo que se dispara con final incierto. Nada más alejado de la experiencia registrable, en un país en el que las grandes familias políticas suelen repetir la performance.

Las elecciones no son un torneo de destrezas en donde una sonrisa o una bronca del momento cambien el curso de los hechos. Montar el escenario de la incertidumbre busca ilusionar al votante con que la urna es un momento de libertad que le permite echarse una canita al aire y despachar sus altos o bajos instintos.

El votante, por lo contrario, llega al cuarto oscuro -que no es nada oscuro- con la decisión tomada, con la libertad asegurada y vota según una racionalidad equiparable a la que mueve las decisiones más importantes de la vida. Se engaña, y engaña a los demás, quien diga que el voto es un momento de pasión, que se resuelve a último momento y que es una experiencia de parapente, manejable desde las campañas.

Las cuentas pendientes de Santa Fe

La lección más fuerte para el oficialismo y la oposición la aportó el resultado de la PASO de Santa Fe. Ganó la política territorial frente a la publicidad, ganó la urna ante la encuesta. Los argumentos en favor del orden, sostenidos por los candidatos opositores, quebraron al oficialismo.

El peronismo pagó cuentas viejas y nuevas. Entre las nuevas, el desorden público, que es excepción frente el resto del país. La Argentina es uno de los países más seguros de la región, con la excepción del infierno narco de Rosario.

Entre las cuentas viejas, el peronismo pagó los patinazos con la empresa Vicentin, identificada con la actividad agropecuaria más próspera. Fue intervenida y desintervenida por el Gobierno nacional, y usada como modelo cuando amenazaron desde Olivos con convertirla en la empresa estatal que regulase el comercio de los granos. Una nueva Giol, para recordar un caso parecido, que también fracasó.

Vicentin fue el momento de más coincidencia entre los tres dirigentes de la trifecta presidencial y los ilusionó con que podían construir una nueva doctrina de Estado. Ese fracaso derribó toda la política de coincidencias del Gobierno y trizó la relación entre Alberto, Massa y Cristina.

Nunca se repusieron del trompazo. Fue un proyecto disparatado que se cobraron los santafesinos con las elecciones de 2021, cuando Carolina Losada ganó la senaduría acompañada por Fernando Scarpín, entonces intendente de Avellaneda (Santa Fe), sede del grupo Vicentin.

El desorden del oficialismo le impidió hacer alguna autocrítica de aquella astracanada, que pagó con votos a cambio de nada. Peor aún, fue el disparador de las críticas del cristinismo a la gestión de Martín Guzmán, que sepultó todas las ilusiones.

La emoción vs. la razón

Tampoco se puede ignorar que el hecho de mercado que es toda elección hunde los actos del votante en una zona poco accesible desde afuera. Como en todas las elecciones, confrontan en este turno -con sólidos argumentos- quienes sostienen la hipótesis de la racionalidad en las decisiones, con quienes destacan el rol emocional del voto.

En estos días circula el libro del asesor del peronismo criollo Antoni Gutiérrez-Rubí, “Gestionar las emociones políticas”. Este libro lleva el prólogo de otro confeso adherente a la hipótesis emocional como Jaime Durán Barba.

En los cuarteles de campaña echan mano de las dos posiciones, la de las rational choices y las emotional choices. La primera sostiene que el votante evalúa antes de poner el sobre en la urna la relación costo-beneficio de cada opción. Lo que privilegia es la opción que mejor futuro proponga. El acierto del candidato depende de su capacidad de ofrecer futuro, en el orden racional y también en el emocional.

El balance que hace la oposición de la primera semana de campaña en medios audiovisuales parece darle mérito a la hipótesis de las emotional choices. El spot de Bullrich-Petri prometiendo mano dura y reclamando el todo o nada ha producido una reacción en el público que ha obligado a mitigar la fuerza de ese mensaje. La reacción ha sido de miedo. Como que no abundan quienes quieren más mano dura y más violencia.

Massa contra el futuro

Rubí afirma que la frontera entre emoción y razón no es abismal. “El cerebro acaba pensando lo que sentimos”, afirma. (Lo sabía Saúl Eldover cuando sentenció: “Llorar es un sentimiento, pero mentir es un pecado” – Ubaldini, homilía de 1986).

Cabe preguntarse si la reacción emocional no es, después de todo, una afirmación de racionalidad y de ponderación del costo-beneficio. Una campaña atemorizadora puede asustar al conjunto, que no quiere vivir en un presidio libre ni en la orwelliana sociedad de la vigilancia que describe en su libro Shoshana Zuboff (“La era del capitalismo de la vigilancia”, 2021, de lectura obligada para quien quiera entender este tiempo).

Según esos análisis, el oficialismo pierde adhesiones porque la campaña de Massa se circunscribe a encasillarse en la defensa de lo pasado. Le cuesta construir futuro porque el elector se preguntará: si han gobernado durante 4 años, ¿por qué no han hecho lo que prometen que harán en los próximos 4 años?

No pueden responder que la responsabilidad de su fracaso está en la oposición, porque la oposición mantiene las adhesiones en el 40/42% y ya ganó en 2021. Y lo último que hay que hacer en una campaña es criticar al que le va bien.

Centrípetas vs. centrífugos

En la oposición confrontan también otras hipótesis de construcción del voto. El larretismo busca acercarse al estereotipo de la campaña centrípeta: la que se abre para atraer a todos los que quieran acercarse a su eje, que funciona como polo de atracción. Asegura alianzas y espacios compartidos, siguiendo el criterio de que si querés poder tenés que ceder poder; aunque tengas que entregarle la Ciudad de Buenos Aires a los radicales.

Intenta una campaña más comprensiva, por encima del temperamento del candidato, que no es un dechado de carisma. Para ganar simpatía, Larreta admite que puede temblarle el pulso, o que es más peludo que pelado, según por donde se lo mire. En fin, la misma línea del “dicen que soy aburrido”, que lo hizo ganar a De la Rúa. Acá hay lugar para todos.

Enfrente, el macri-bullrichismo hace una campaña centrífuga, expulsa a los heterodoxos de una doctrina que nadie conoce. Y que cuando se verbaliza espanta a su propio electorado, como cuando Macri pide un gobierno con “ideas liberales puras”. Busca cerrarse en un núcleo que resista por el “todo o nada”. Acá hay derecho de admisión.

Larreta aparece como más capaz -para lo que eso sirva- de sumar aliados. Mira con optimismo encuestas de comarcas decisivas del conurbano y de ciudades del interior que lo ponen por encima de Bullrich. Patricia insiste en el discurso de la pureza ideológica que reclama Macri. En los hechos Bullrich termina reclamando una apuesta a un caudillismo basado sobre su temperamento: soy la mejor de todas, estoy convencida, síganme, no los voy a defraudar. Busca un triunfo de la pasión sobre la razón.

Larreta busca un ancla en Santilli

En lo técnico, todos miran las tendencias en la provincia de Buenos Aires. Diego Santilli, larretista, festeja encuestas en la categoría gobernador que arrojan números de intención de voto que doblan las adhesiones al bullrichismo de Néstor Grindetti, un candidato inexplicable como jugador de relieve en esta guerra de titanes.

¿Había alguien mejor, preguntan algunos, quizá Joaquín de la Torre, Javier Iguacel? O Cristian Ritondo, figura nacional pero que llegó tarde, víctima de los tiquismiquis de María Eugenia Vidal -una especie de Massa: todo lo que toca, lo arruina-.

¿No era mejor en la Provincia un Jorge Macri, intendente y portador de apellido, además de vecino genuino del distrito? Si en CABA sobraban los buenos candidatos -el propio Mauricio o Fernán Quirós- y nadie se peleaba con nadie. Larreta busca anclar su chance presidencial en esa diferencia a favor de Santilli, aunque en los mejores sondeos está sólo cuatro puntos arriba de Patricia.

El mito del corte de boleta

En las manualidades de campaña también confrontan situaciones de recorto y pego. El bullrichismo confía en que lo que decide una elección con ocho categorías en la boleta son las puntas, es decir el nombre del candidato a presidente y, en el otro extremo, el del intendente. Es lo que Pichetto llama el “teorema de Armendáriz”. Alejandro Armendáriz fue gobernador en 1983 porque lo arrastró el fenómeno de Alfonsín.

El larretismo en cambio, apuesta a que quien tire hacia arriba sea el candidato del medio, o sea Santilli gobernador. Un deseo de doble faz, que Santilli arrastre al de arriba, o que, si alguien pone la tijerita, la ponga donde corresponda. Aunque el corte de boleta es otro prejuicio pequeño burgués de la política criolla.

En el análisis histórico el corte en la provincia de Buenos Aires ha rondado los 4/5 puntos. El corte más amplio ocurrió en 1999, cuando la fórmula Ruckauf-Solá ganó la gobernación por 7 puntos, con 48,74% contra el 41,31% de Graciela Fernández Meijide-Melchor Posse.

Fernando de la Rúa ganó en la misma fecha la presidencia por diez puntos: 48,37% a 38,37% de Duhalde-Ortega. El corte en Buenos Aires sumó votos a Ruckauf de la Acción por la República de Domingo Cavallo y de la UCeDé, pero sacrificó las adhesiones a Duhalde.

Un llamado a la autocrítica

El sábado Larreta recorrió junto a Miguel Pichetto Neuquén y Río Negro. En la provincia que gobernará “Rolo” Figueroa se impone también una autocrítica. Mauricio Macri respaldó, contra la opinión de partidos de JxC, a ese candidato que representó a una fracción interna del eterno MPN.

Hoy “Rolo” cultiva relaciones renovadas con el movimiento fundado con los Sapag y se ha acercado a los sectores que lideran la actividad productiva de su provincia. Eso explica que vuelque ahora apoyos hacia Sergio Massa en las elecciones presidenciales. Para Massa nunca la vaca estuvo muy muerta, como representante que es de los empresarios del sector petrolero, a quienes no va a defraudar ni ganando ni perdiendo.

En Cambiemos están esperándolo a Macri para que les explique el negocio o la ideología de aquel apoyo a “Rolo”. Era para levantarle el brazo a un ganador, fuera quien fuese. Un exceso de confianza en el rango emocional de la política. Pero “Rolo”, apenas ganó, corrió a sacarse una foto con Massa, en un gesto de afirmación del rango contrario, el de la racionalidad.

Y le ocurrió justo a Macri, que se ha resistido desde siempre a poner su partido a jugar en internas ajenas. Eludió un pacto con Massa en 2015 para no quedar prisionero de la interna del peronismo. Rechazó apoyar en 2018, con el mismo propósito, al Grupo de Córdoba (Alternativa Federal). Le faltó ese instinto en Neuquén.

Otro que espera las PASO

La visita de Larreta y Pichetto a Bariloche (Río Negro) tiene más jugo porque es una provincia que será gobernada desde diciembre por el hoy senador Alberto Weretilneck. Hasta ahora el rionegrino basculó entre las tribus del oficialismo, pero espera acomodarse en el nuevo país que arranca en diciembre.

Pasó de ser un peón de Massa en la Cámara de Diputados a convertirse en estos días en un librepensador en busca de autor, como los personajes del drama de Pirandello (recreado en el magnífico filme “Extrañeza”, que no hay que perderse, sigue en cartel).

En el momento de más cercanía a Massa, su diputado de confianza Luis Di Giacomo pidió la suspensión de las primarias PASO. Conviene recordarlo ahora porque eso pasó hace más de un año, porque ya era la idea que manejaba Massa para quedarse con la candidatura a presidente: a dedo y sin PASO. ¿O no somos peronistas?

Ahora Weretilneck hace girar la perinola y le quita tambiñen número al oficialismo en el Senado. El cristinismo se juega a todo o nada al atornillar a su puesto a la jueza Ana María Figueroa, que cree puede beneficiarla: ella necesita el voto del Senado. Pero no sólo los sin techo del peronismo -Guillermo Snopek en Jujuy y Edgardo Kueider en Entre Ríos- han boicoteado el quórum: también lo hizo Weretilneck, que seguramente espera, como muchos, al resultado de las PASO para rehacer su vida.

Tiene en su agenda a Gerardo Morales, que busca amigos para asegurarse la gobernabilidad si gana su fórmula presidencial y es jefe del Senado. Le conoce ya el precio a Weretilneck, cuyos principios también se agotan en la gobernabilidad.

Peronismo albertista vs. La Cámpora

De paso, Snopek es otro que espera a las PASO para saber qué hará con el quórum en el Senado. Niega que haya un acuerdo con el cristinismo para dar número, a cambio de que le repongan la adhesión a la lista de Sergio Massa como candidato a diputado nacional en las generales de octubre. Se ufana de representar en Jujuy “al peronismo de Alberto contra La Cámpora” y se enoja cuando dice leer en los medios que tiene un acuerdo para sentarse en el Senado.

Escondedor, Snopek alardea de jugar a varias bandas. Por ejemplo, lo castigó la junta electoral de su partido en Jujuy por impugnar a una lista opositora interna en las PASO, por adherir a las dos candidaturas presidenciales (Massa y Grabois). La propia junta electoral que le había propinado la sanción revisó esa decisión y Massa vuelve a tener lista larga en todas las categorías en Jujuy.

Aquí actuó Olivos, a través de Juan Manuel Olmos: Alberto contribuyó interviniendo al PJ provincial, con Aníbal Fernández y Gustavo Menéndez (hoy en el Bapro, pero candidato a intendente de Merlo). El intervenido Rubén Armando Rivarola, presidente del PJ de Jujuy, aliado del radical Gerardo Morales, ha llevado el caso a tribunales. Pero Snopek ya se aseguró quedar adherido a la lista de Massa y afirma que no ha sido a cambio de nada.Por Ignacio Zuleta. Clarín. Fte. Identidad Corentina