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LA PRINCIPAL PREOCUPACIÓN DE CRISTINA Y ALBERTO FERNÁNDEZ EN ESTA ELECCIÓN ES GANAR MÁS BANCAS QUE EN 2017

Para llegar al quórum propio Máximo necesita obtener 10 diputados más que en 2017

Ganar más bancas que en 2017 es la principal obsesión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner para las elecciones legislativas de noviembre y para lograrlo no necesitan arrasar en ninguna provincia, sino hacer un papel digno en distritos donde el peronismo en cualquiera de sus vertientes naufragó hace cuatro años, cuando Cambiemos logró el mejor resultado electoral de su corta historia en el poder.

O sea, no se trata ganar, sino de acumular unos votos más en distritos puntuales y así engrosar por goteo el bloque de diputados del Frente de Todos, que en estos años no logró consolidar una mayoría propia para manejar la agenda legislativa a gusto.

Esa debilidad los obligó a cajonear leyes reclamadas por Alberto y Cristina, como la reforma judicial y la del Ministerio Público; o el “semáforo epidemiológico”, para definir los confinamientos en cada región según la evolución de contagios de Covid 19. Sólo se aprobaron en el Senado.

Ganar más bancas que en 2017 es la principal obsesión de Alberto y Cristina y para lograrlo no necesitan arrasar en ninguna provincia, sino hacer un papel digno en distritos donde el peronismo naufragó hace cuatro años, cuando Cambiemos logró el mejor resultado electoral de su corta historia en el poder.

Para llegar al quórum propio en diciembre los conducidos por Máximo Kirchner necesitan obtener 10 diputados más que en 2017, una cifra casi imposible, pero como cuentan con 6 o 7 aliados seguros con  incorporar 4 o 5 a sus filas les puede alcanzar para controlar los temarios legislativos de los próximos dos años.

En Córdoba y Ciudad de Buenos Aires, por caso, se esperan derrotas del oficialismo, pero aún así puede haber un festejo puertas adentro si el resultado permite ganar más bancas que en 2017. Es una aritmética sencilla, pero imperceptible para quien sólo mire los números grandes.

En Córdoba se renuevan 9 diputados y el Frente de Todos sólo pone en juego a uno, que es Pablo Carro. Las negociaciones para cerrar la lista se tensaron con la hipótesis de no ganar menos de 2, un aporte de la provincia más antikirchnerista del país que en el poroteo vale igual, aunque el 14 de noviembre Cambiemos festeje un nuevo triunfo en esa tierra.

En la Ciudad la situación es similar. Con más del 50% de los votos, en 2017 Cambiemos sumó 8 de los 13 diputados en juego, pero 2 los ganó Evolución, la lista de Martín Lousteau, que luego se sumaron al entonces oficialismo y aún siguen ahí. Otros tres fueron para Unidad Ciudadana, el sello kirchnerista de aquella elección.

El Frente de Todos no imagina un triunfo porteño pero si la boleta de Leandro Santoro repita el resultado de Matías Lammens en la elección de jefe de Gobierno de 2019, se quedaría con 4 bancas.

Tucumán es otro caso de estudio y de ahí las incesantes negociaciones entre Alberto, Cristina y Manzur para que nada salga mal. Si bien la lista de senadores será la primera de la boleta, y la encabezaría el ahora diputado Pablo Yedlin, la mayor expectativa está puesta en la renovación de los cuatro diputados de la provincia, para la que postulan a la ministra de Salud, Rossana Chahla, la funcionaria con mejor imagen de la provincia.

En las dos últimas elecciones legislativas el oficialismo lo repartió en partes iguales con la oposición, pero si supera los 50 puntos podrá quedarse con 3. En Cambiemos no lo descartan.

En Chaco, el oficialismo no cree poder lograrlo y se conforma con repetir el 2 y 2 de 2017; mientras que en Salta la puja es grande, porque de las 3 bancas que se renuevan sólo 1 es oficialista y la chance de ganar otra existe.

Para llegar al quórum propio Máximo necesita obtener 10 diputados más que en 2017, una cifra casi imposible. Pero como cuentan con 6 o 7 aliados seguros, rascar nuevas bancas sueltas puede ser suficiente para controlar los temarios legislativos de los próximos dos años.

En Neuquén, que también renueva un trío de representantes, Cambiemos aún estudia variantes para no perder su diputado. El Movimiento Popular Neuquino intenta mantener la suya aunque suele ayudar al Gobierno de turno cuando hace falta, conducta habitual en los partidos provinciales.

En Rio Negro el partido gobernante le robaría un diputado a Cambiemos y si el elegido colabora con el Gobierno como lo hizo Luis Di Giácomo estos dos años, habría un aliado oficialista más cuando haga falta.

La dupla rionegrina mantendrá el bloque unidad para le desarrollo con los 3 misioneros y el mendocino José Luis Ramón, quien buscará la reelección en la lista del Frente de Todos. Fueron los votos que el oficialismo sumó como propios en cada sesión reñida.

En los próximos dos años seguirá como diputado Felipe Álvarez, un peronista riojano que se fue de Cambiemos, armó un monobloque y por ahora no se mostró como aliado oficialista. Nadie supo negociar bien con él.

La otra ayuda para incrementar el bloque del Frente de Todos podría llegar desde Formosa, pese a los meses que lleva Cambiemos con denuncias sobre violaciones a derechos humanos durante el confinamiento. No sólo que no le restaron apoyo local al gobernador Gildo Insfrán, sino que además un peronismo disidente inscribió una lista para competir, podría dividir a la oposición y regalarle un diputado a Máximo.

El nuevo frente formoseño se denominó “Podemos Más” y lo integran la concejal Gabriela Neme y el ex diputado provincial Adrián Bogado, ex candidato a gobernador e hijo de Floro Bogado, quien fuera vice de Insfrán y luego rompió con su jefe.

Como Cambiemos también presentará una lista, el peronismo tiene la chance de quedarse con las dos bancas en juego si dobla al quede segundo.

Aunque Buenos Aires suele llevarse los reflectores en elecciones parlamentarias, aun con un triunfo, el Frente de Todos no la tiene tan fácil para agregar presencia legislativa bonaerense. En los papeles, renueva 17 bancas de 2017: 13 ganadas por Unidad Ciudadana, 3 del Frente Renovador (la cuarta es la de Jorge Sarghini, quien está en el bloque de Roberto Lavagna) y otra del PRO, que es la de Pablo Ansaloni, un dirigente de la Uatre que en 2019 se enroló en el bloque de Ramón y fue un voto seguro del oficialismo en cada sesión, tanto o más que el propio mendocino o los partidos provinciales. No alcanzó para garantizar el quórum permanente, pero estuvo siempre.

Para conseguir 17 bancas el oficialismo debería superar con comodidad los 40 puntos, difícil pero no imposible. O beneficiarse de una polarización extrema que divida los 35 diputados en juego entre dos fuerzas, como en los años 90. Pero para ampliar el bloque, el Gobierno mira otras provincias. Aunque no se note. Fte. LPO