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ECONOMÍA: EN SU LUCHA CONTRA LA INFLACIÓN Y EL DERRUMBE DEL PODER ADQUISITIVO EL GOBIERNO ENFRENTA DÍAS CLAVES BAJO LA MIRADA DEL FMI

En medio de la tensión con fabricantes de alimentos, los funcionarios deben moverse en un pasillo estrecho, cuidando que no colapse la economía

En materia de precios se avecinan cuatro semanas decisivas. O por lo menos así lo entiende el Gobierno, y también los empresarios. En particular, los fabricantes de alimentos, que vienen protagonizando una áspera y desgastante pulseada con los funcionarios.

En el centro de la escena se encuentran los precios de los alimentos, rubro que corre por delante del resto a pesar del semi congelamiento decretado por la secretaría de Comercio Interior.

¿Por qué son claves las próximas cuatro semanas? Porque en la primera semana vence Precios Cuidados, el programa regulado por Comercio  Interior. Y porque, poco después, también debería extinguirse el otro plan de precios: “Precios Máximos”, que fue armado por el Gobierno para afrontar la pandemia.

En este contexto, chocan los intereses contrapuestos entre la Casa Rosada y las fábricas de alimentos, una de las industrias más dinámicas y poderosas de la Argentina, en donde confluyen varias empresas emblemáticas del país: desde Arcor a Molinos, Unilever, Mondelez, Quickfood, Cargill, la aceitera AGD y Danone, por citar algunas. Todas agrupadas en Copal, la cámara representativa del sector, que desde hace varias semanas viene presionando para que el Gobierno habilite incrementos en los precios.

Alberto Fernández instruyó al ministro Matías Kulfas y a la secretaria de Comercio, Paula Español, para que no haya un recalentamiento inflacionario en el último mes del año, antes de las Fiestas.

Y que, en todo caso, los deslizamientos de los precios de los alimentos regulados debe darse de manera “ordenada y gradual”.

En la primera semana vence Precios Cuidados y, poco después, debería extinguirse el otro plan: “Precios Máximos” El Gobierno se encuentra en un verdadero brete: por un lado, en medio de las negociaciones con el Fondo Monetario, se vio obligado a asumir las limitaciones de la ayuda social durante la pandemia. Por eso levantó el IFE a fines de septiembre. Y achicó todo lo que pudo el sistema ATP (pago de salarios por parte del Estado), y que tiene fecha de vencimiento a finales de este mes.

Sin la posibilidad de sostener la ayuda estatal en medio de la pandemia y la severa crisis económica, el Gobierno quiere mantener a raya los precios de los alimentos de la canasta básica. O de algunos: los valores de la carne muestran sensibles incrementos en las últimas dos semanas, que se suman a los que ya se impusieron desde principios de año.

En un contexto de aceleración inflacionaria, donde los alimentos “no regulados” (carne, frutas y verduras) mostraron fuertes alzas, Alberto Fernández dio la orden de que sus funcionarios flexibilicen los congelamientos de manera muy gradual.

No hay que limitarse a los alimentos para cerciorarse de que es así: el descongelamiento de las tarifas de los servicios públicos (luz y gas) se postergó de fin de año hasta el otoño. Y todavía no hay demasiadas certezas de ese proceso.

Lo mismo con los servicios de telefonía, internet y televisión paga. El descongelamiento, pautado para el primer día de 2021, será de 5%, bien por debajo del 20% reclamado por las empresas del sector.

Hay algo cierto: el Gobierno encaró una agenda muy estrecha para este fin de año. Una agenda cuyo objetivo central pasa por evitar una disparada del tipo de cambio oficial, que profundice la crisis económica y social.

Esa agenda se completa con una negociación con el Fondo Monetario, con el objetivo de postergar los vencimientos de la deuda de u$s44.900 millones, y acuerdos básicos con las organizaciones sociales cercanas al Gobierno, de manera de asegurar la paz social hasta que la actividad económica vuelva a la normalidad.

En esta estrategia -como suele decirse, se trata de un pasillo muy angosto por el cual el Gobierno debe pasar sin que colapse la economía provocando un escenario que nadie quiere siquiera imaginarse-, todo el desafío pasa por contener las variables que pueden manejarse.

Acá, justamente entre a jugar lo dicho más arriba: cómo se mueven de ahora en más los precios de los alimentos, en el marco de la crisis y la pandemia, y en medio de las presiones de las empresas.

El principal reclamo de los empresarios refiere a la continuidad de “Precios Máximos”. Se trata del programa de precios que regula alrededor de 100.000 productos (2.300 artículos). Nada menos. Se congelaron en marzo, con la expansión de la pandemia. Hasta ahora, el Gobierno otorgó dos aumentos por un total del 10% promedio, y quitó del plan una serie de productos que no forman parte de la canasta básica.

Entre ellos había: arroz integral, aceite de maíz, conservas de pescado (excepto atún y caballa) chocolates, café en saquitos y cápsulas, vegetales congelados, bebidas energizantes, cosméticos, espumantes, bebidas blancas, vinos, licores y whiskys.

El Gobierno evalúa dar de baja otro grupo de productos en los próximos días, aunque la idea pasa por una renovación de Precios Máximos. El programa vence el próximo 31 de enero. En medio de la tensión con empresas, funcionarios deben cuidar que no colapse la economía

“Nosotros nos reunimos con las empresas todos los días. Vamos a concertar con ellos el formato del programa”, dicen a iProfesional desde Comercio.

En simultáneo, habrá un relanzamiento de “Precios Cuidados Cuidados“, previsto para la primera semana del nuevo año.

En la actualidad ese programa cuenta con 399 productos. Todos de primera marca. La idea de los funcionarios es ampliar la nómina. Llevarla a unos 2.000 productos. A diferencia de “Prtecios Máximos”, en el Gobierno creen que “Precios  Cuidados” debe continuar, con renovaciones y actualizaciones de precios cada tres meses.

Desde las empresas coinciden en este último punto, pero antes de refrendar una extensión del programa quieren que el Gobierno les defina cómo quedará Precios Máximos, que -como quedó dicho más arriba- se trata de una modalidad más extendida.

La estrategia de Martín Guzmán respecto de los precios de los alimentos será clave para el año que viene: Economía se puso un objetivo de una inflación cercana al 30% para todo 2021. Y busca que, después de tres años recesivos con pérdida del poder adquisitivo, los salarios le ganen a los precios  en medio de una expansión económica.

Para lograrlo, una de las cuestiones básicas pasará por la contención de los precios de los alimentos. Para Guzmán será clave llegar a sucesivos acuerdos con la industria y las cámaras de supermercados para evitar desbordes. Ya sea por incremento en los precios como por faltantes en las góndolas.

El titular del Palacio de Hacienda ya avisó que se pondrá al frente de la denominada “mesa de coordinación” de precios,  un espacio en el que el Gobierno y las empresas de alimentos negociarán los futuros aumentos de precios.  Lo dicho: se vienen cuatro semanas clave sobre el futuro del costo de la canasta familiar. Fte. IP