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ROMA: Francisco en el Vía Crucis “el mal no tendrá la última palabra sino el amor”

via crucisEn un Viernes Santo que pasará a la historia por el fuerte contenido en defensa de los débiles, contra el “Dios Dinero”, las injusticias sociales, la discriminación de las mujeres y la certidumbre que “nunca se sufre en vano”. El Papa Francisco presidió anoche en el Coliseo las 14 estaciones del Vía Crucis y horas antes en San Pedro la celebración de la pasión de Jesús en el día de su muerte en el Calvario. “Era una cruz pesada, pero gloriosa, como el alba de una larga noche”, dijo Jorge Bergoglio, que en la terraza del Palatino donde siguió la ceremonia, pronunció un sermón al concluir el rito a las 22,30 (cinco horas menos en la Argentina) en la que afirmó que “el mal no tendrá la última palabra sino el amor, la misericordia y el perdón”.

Se preveía sólo una bendición del Pontífice, que al parecer prefería permanecer ayer en silencio. Pero al concluir la última estación, leyó un texto que preparó en la tarde. “En la cruz vemos la monstruosidad del hombre cuando se deja guiar por el mal, pero vemos también la misericordia de Dios que nos trata no por nuestros pecados sino según su misericordia”, dijo.

Jorge Bergoglio añadió que “a traves de la cruz vemos cuanto somos eternamente amados por Dios. Frente a la cruz vemos que somos hijos y no cosas. El mal no tendrá la última palabra sino que la tendrá el amor, la misericordia y el perdón. Todos juntos recordamos a los enfermos, los abandonados bajo el peso de la cruz, para que encuentren bajo la cruz la fuerza del amor, la esperanza, la resurrección y el amor de Dios”.

En el Coliseo las 14 estaciones fueron comentadas por el arzobispo de Campobasso (sur de Italia), monseñor Giancarlo María Bregantini, mientras que la dura requisitoria contra el “Dios Dinero” y la explotación social la hizo el predicador pontificio, padre Cantalamessa.

Una gran multitud se congregó en la noche primaveral en torno al Coliseo, cuyos muros y ruinas recuerdan la persecución de los primeros cristianos en la capital del Imperio romano. El sermón de Francisco concluyó entre vivas repetidas de la multitud hacia el Papa y un coro que lo despidió mientras abordaba el automóvil que lo llevó de vuelta al Vaticano.

Los comentarios de monseñor Bregantini, de 63 años, en las 14 estaciones del Vía Crucis conmovieron por sus contenidos a la multitud. El drama de la desocupación, la incertidumbre y la precariedad del trabajo. La angustia por la gravedad por la peor crisis que padece Italia en muchas décadas que llevaron al suicidio a muchos empresarios. La alienación de los jóvenes que se refugian en el alcohol y la droga. Las travesías del hombre contemporáneo las resumió el arzobispo en la afirmación de que “delante del rostro del hombre que sufre, el perfil es siempre el rostro de Jesús.

El hombre de hoy “carga tantas cruces, como la que llevó Cristo”. La precariedad, la desocupación, los despidos fáciles, la corrupción, la usura, pesan sobre las espaldas de hombres inertes e indefensos, que sólo con Jesús y su ayuda pueden encontrar la fuerza de crear puentes de solidaridad y esperanza”, afirmó.

El Papa leyó y aprobó previamente los textos leídos en el Coliseo y en el sermón en la basílica del predicador pontificio. “El Jesús frágil de la tercera estación del Calvario, su primera caída, revelan el inmenso amor por los caídos y los frágiles de nuestro tiempo, que son los marginados, los inmigrantes que piden asilo y golpean a nuestra puerta para encontrar acogida y consuelo”.

Otro comentario de monseñor Bregantini, que leyó la actriz italiana Virna Lisi, apuntó a “esos hombres que descargan sobre las mujeres la violencia que llevan adentro y por todas las mujeres esclavizadas”.Fte.clarin

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