martes 26 de enero de 2021
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POLITICA. Idas y vueltas del humor social

ARTICULO PRODUCIDO POR EL LICENCIADO CARLOS FARA. En marzo de 2009 sólo el 16% de la sociedad era optimista sobre el futuro del país. Fruto del conflicto con el campo, sumado al inicio de la crisis internacional que se presumía la peor desde 1929, había un clima poco propicio para estar confiado. Ese fue el prólogo dela derrota de Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires frente a Francisco De Narváez. A partir de ese momento, la tendencia del optimismo siempre fue creciente, hasta tocar su máximo -59%- en las semanas previas a las elecciones de 2011.

En los últimos siete meses la visión positiva sobre el futuro bajó, hasta ubicarse en la actualidad en el 44%, siendo que marca la primera vez desde la muerte del ex presidente Kirchner en que el pesimismo es mayoritario. Si se toma como indicador la pregunta respecto a si “¿la Argentina va por el buen o por el camino?”, la tendencia es la misma, regresando a un déficit que no existía desde mediados de 2010. Por otra parte, las expectativas sobre la situación personal siempre son mejores que las del país, pero acompañan el mismo movimiento descendente, aunque el balance continúa siendo superavitario.

¿Qué es lo que explica este cambio de tendencia? Varios factores. En primer lugar, principalmente el hecho de que la economía se está desacelerando, y más allá de la selectividad de la información que brinden los medios, un funcionamiento menos aceitado del bolsillo propio y ajeno condiciona fuertemente el humor. El segundo factor es un incremento en la preocupación por el tema inflación. En el ranking de prioridades pasó a competir por el segundo lugar con desocupación, lo cual es una novedad. Se hipotetizaba que luego de la crisis de 2001/2002, la gente tenía más miedo a perder el trabajo q que aumenten los precios. Eso ahora está tomando una dinámica más compleja: el 77% ha decidido ajustar sus gastos este año. Inseguridad sigue siendo por lejos la cuestión más preocupante, como sucede por lo menos desde hace más de una década.

En tercer lugar, el 54% de votos que obtuvo CFK era un arma de doble filo. Por un lado, ser la Presidenta más votada desde 1983 fue un logro magnífico. Por el otro, poseer tanto poder como jamás nadie tuvo le eleva considerablemente el nivel de exigencia sobre los resultados de su segundo mandato. El porcentaje de los decepcionados con las medidas tomadas desde el 10 de diciembre pasado creció hasta llegar al 43% en estos momentos. Vale decir que esta no es sólo una tendencia a nivel nacional: la provincia de Buenos Aires y la CABA experimentan el mismo fenómeno de caída de la percepción sobre que cada distrito lleve “el camino correcto”. Esto es una muestra más de que la sociedad tiende a ver a la política y los asuntos públicos en bloque.

¿Cuál es la parte del vaso lleno?

· El 58% cree que después de nueve años de gobierno de los Kirchner, la Argentina está mejor. El año pasado la cifra era del 59%: estabilidad absoluta, si bien subieron algunos puntos los que tienen una visión negativa.
· La mayoría no cree que vaya a haber una fuerte devaluación del peso.

Es decir, no parece existir la sensación de que el país se esté precipitando a una crisis económica, aunque la rueda gire más lenta. Vale agregar alguna apreciación de contexto, más allá de los números. En los estudios cualitativos sí se percibe una sensación de incertidumbre. Los controles a la compra y venta de dólares afectan a una pequeña parte de la población que tiene capacidad de ahorro y puede viajar al exterior o pensar en adquirir una propiedad. Pero subjetivamente afectan a la gran mayoría, porque está inscripto en la cultura argentina que si se percibe que hay cosas que no están bien manejadas, en seguida los que pueden corren a refugiarse en la divisa estadounidense.

Como le dijo un ex intendente de Quilmes a un ex presidente del BCRA respecto al estado de situación económica hace un tiempo: “Mientras contengan la inflación no hay problema. Pero que controlen el dólar, porque en cuanto aumenta su valor acá la gente de los barrios, no sé por qué, se pone loca”.

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