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ECONOMIA: La promoción industrial Fueguina en su laberinto

ARTICULO PODUCIDO POR EL RECONOCIDO ECONOMISTA DR. RODOLFO ROSSI EX PRESIDENTE DEL BCRA; PARA EL MULTIMEDIOS PRISMA
Recientemente una alta funcionaria del Gobierno Nacional resaltó “el fuerte desarrollo de Tierra del Fuego como polo tecnológico, donde se producen artículos electrónicos y donde estamos recibiendo inversiones de marcas mundiales líderes”.

Parecería, que tal importante manifestación estaría pecando de alguna imprecisión, que hace fundamental el análisis de los beneficios y virtudes de tales inversiones.
Rigurosamente, a “priori” parecería que la mentada funcionaria se estaría refiriendo a radicaciones de plantas de fabricación, que con un respaldo de fuerte capital y tecnología, se instalarían en Tierra del Fuego, al amparo de los regímenes de promoción industrial vigentes.

Al respecto, es de señalar que la promoción industrial aprobada en el año 1972, exime del pago de IVA-Ganancias y derechos de importación de insumos, las inversiones en Tierra del Fuego, a lo que se sumó por la Ley N° 26.539, la reducción al 30 % de las tasas de impuestos internos, que pesan sobre los productos electrónicos. En el Presupuesto de Administración Nacional del Año 2012, las exenciones impositivas para la Promoción Industrial Fueguina alcanzan a $ 5.600,4 millones, algo así como mas de la mitad del monto presupuestario ejecutado, en el año 2011, por el Ministerio de Salud de La Nación. .

Bueno. Es aceptable. Grandes empresas se instalarían en esa lejana zona del país y con su “efecto derrame” y la disminución de las importaciones por “producción de alta tecnología Argentina”, bien vale la pena el esfuerzo del “contribuyente”.

Pero ello, no es así.

Tal como están las cosas, las anunciadas radicaciones de “las marcas mundiales líderes” son en realidad, simples entregas de licencias o permisos de fabricación, que recaen en no más de nueve (9) firmas ensambladoras, que concentrarían la casi totalidad de la producción electrónica fueguina. Las marcas internacionales no se instalan en la Isla. Rigurosamente, invierten en líneas de montaje dentro de las (9) empresas, que ya estaban radicadas desde hace muchos años en la Isla, con un determinado grado de integración, pero no montando, necesariamente, planta nueva de fabricación alguna.

Pero lo notable, es que la placa electrónica y determinados especiales componentes centrales para la fabricación de notes Books, equipos de audio, reproductores DVD, auriculares, radios relojes, cámaras fotográficas, celulares o televisores están siendo importados, previsionando esta continuidad en el tiempo por razones tecnológicas. Según las propias declaraciones de importantes referentes de la “industria ensambladora”, los productos terminados, en promedio, tienen entre un 10 y un 15 % de provisión nacional de insumos, incluyendo las cajas de empaque.

Al margen del análisis costo/beneficio que recibirían estas “9 industrias ensambladoras de marcas líderes”, es observable los mayores costos logísticos, que implica la importación de componentes hasta Tierra del Fuego y su posterior traslado de los productos terminados a mas de 3.000 kilómetros, a los principales centros de consumo.

Mientras tanto, la oferta de computadoras portátiles, reproductores de música, de DVD, y demás, estaría presentando en el mercado argentino una escasa variedad de modelos disponibles y cierto retraso en la presentación de las permanentes nuevas tecnologías. Y ciertamente los precios, que finalmente paga el consumidor argentino, son más elevados que el de los niveles internacionales.

Finalmente, es interesante señalar que una buena parte de la inversión comprometida en la “industria de ensamblaje” de Tierra del Fuego, está financiada por los Créditos del Bicentenario a 5 años de plazo, con 1 de gracia y con una tasa fija del 9,9 % anual.

En definitiva, subsidios importantes por la inversión, eximición de derechos a la importación de los insumos, subvenciones financieras por créditos a largo plazo y con tasa de interés preferente, protección arancelaria y aduanera casi infinita, pobre compromiso de capacitación e investigación tecnológica, precios finales de “producción realizada” elevados a nivel internacional y otras cosas adicionales ¿no son acaso, excesivos beneficios sectoriales, que en definitiva, empobrecen a la población consumidora?

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