lunes 26 de octubre de 2020
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Adoptar no es beneficencia sino amor

Habíamos hablado en el número anterior, sobre múltiples interrogantes que se plantean cuando una pareja no puede tener hijos, preguntas que se incorporan entre las causales de angustia en las que se ven sumidos los integrantes de una familia que siempre espera ver la descendencia, como una manera de perpetuar una historia, una tradición, un nombre.

Pero muchas veces hay todo un entorno social que procura tender una mano solidaria, haciendo lo que entiende es una ayuda para esa pareja que no ha podido acceder a la paternidad biológica, y entonces también comienzan a hablar del tema adopción, y buscando en la memoria a quien conocemos como para que nos tienda una mano en este tema y es así que nos ponemos en contacto con personas que están trabajando en hospitales, en Juzgados, en hogares de niños y comentamos que conocemos a una familia que no puede tener hijos, que se trata de una familia macanuda, son muy buena gente, los conozco desde hace muchos años, están en buena situación, no pueden tener hijos y cualquier chico que llegue a esa familia se salva para siempre. Estos comentarios son los que siempre sentimos cuando mucha gente con buena voluntad procura dar una mano en un tema tan delicado como el que nos toca tratar.

A ello se agrega los comentarios que nos son propios cuando llenos de angustia, decimos, cómo es que hay tantos problemas para poder adoptar, cuando en realidad vemos que hay tantos chicos en la calle o en internados que podrían estar mejor con una familia antes que mantenerlos en esa situación.

 

No se trata aquí de pensar en la buena obra que podemos hacer si adoptamos a un chico, sino por el contrario debemos preguntarnos sobre nuestra aptitud para acceder a la paternidad adoptiva. (Rodolfo E. Brizuela)

 

Sin lugar a dudas, yo les tengo que decir que todos los comentarios están cargados de buenas intenciones, pero ello no alcanza para llegar al objetivo propuesto, ya que la adopción está ideada para el niño y no necesariamente se debe estar bien económicamente para poder adoptar, sino que es necesario estar preparado para acceder a ella, ya que si tenemos en cuenta los interrogantes planteados en la nota anterior, veremos que hay muchas cosas que dilucidar antes y ello requiere un tiempo de preparación. No se trata aquí de pensar en la buena obra que podemos hacer si adoptamos a un chico, sino por el contrario debemos preguntarnos sobre nuestra aptitud para acceder a la paternidad adoptiva, porque en esto hay mucho que aunque parezca simple decirlo, requiere de grandes esfuerzos y una gran capacidad de brindar afecto y contención, porque nunca la adopción se perfecciona por la determinación de los padres, ni del juez, sino por la determinación del niño, que es quien en realidad adopta a los padres, de allí que pueda decirles a ustedes que la adopción está concebida en función del niño que se pretende adoptar y no en función de los adultos que no pueden tener hijos, por eso entiendo como necesario que entre todos podamos coincidir que es un tema delicado que debe ser analizado de manera pormenorizada.

Es así que podremos coincidir en la necesidad de trabajar para prepararnos para una paternidad adoptiva, donde lo material es solo una parte de lo que podemos aportar y donde lo más importante es el marco de contención afectiva, que se traduce con esa palabra de cuatro letras que mueve el mundo y que no es otra que Amor. Ese amor para brindarse, para dar y recibir, ese amor que mueve las dificultades mas profundas para llegar a buen puerto. Por eso decía adoptar no es beneficencia, sino por el contrario es una manera diferente de acceder a la paternidad. Es necesario no caer en concepciones erróneas, ya que es cierto hay muchos niños que se encuentran en hogares de menores en razón de que sus padres no pueden brindarles los recursos adecuados por múltiples motivos, incluso no tener trabajo para brindarles alimentos, y esto me lleva a hacerles una pregunta que creo merece una respuesta. Si una familia atraviesa como tantas en nuestro país una situación de extrema pobreza, ¿justifica tal situación privarlos de los hijos para que los mismos sean entregados a una familia que los adopte? Acaso, ¿no sería eso castigar la pobreza?. Así las cosas, entiendo que la pobreza no debe ser castigada sino remediada y en ello va mucho de lo que el Estado hace para resolver este problema. Como podrán ver, no es tan simple como decir las cosas que decimos, sino que debemos tratar de colocarnos en la situación del otro para así poder entender mejor todo lo que ocurre respecto de este tema que es tan trascendente para nuestra sociedad.

No es mi deseo desalentar a nadie en particular ni en general, sino por el contrario, despertar en las personas una inquietud como para que podamos entender todo lo que nos ocurre cuando hablamos de adopción.

Hace pocos días, hemos resuelto como sociedad y por medio de la contienda electoral, quienes serán nuestros dirigentes. Tuvimos la posibilidad de elegirlos, porque como sociedad entendimos que los electos, lo fueron por reunir las condiciones necesarias para ser los intérpretes de nuestras necesidades y nuestras inquietudes para planificar un futuro como sociedad. Pero ello, no significa que planificamos los mecanismos para acceder a una paternidad que bajo ningún aspecto tiene que ver con lo biológico, sino que ello encierra todo un universo de sensaciones y de deseos que lejos están de cualquier proyecto individual, porque la adopción, mas allá de tener que ver con los deseos de los integrantes de una pareja, tiene que ver con la capacidad de brindar ese afecto que de ninguna manera tiene que ver con el deseo individual, sino por el contrario, con lo colectivo, ya que adoptar no es el acto de uno, sino el de una sociedad que no desea tener niños expuestos al desasosiego del abandono y la desprotección.

Estamos a dos meses de terminar el año, a dos meses de llegar a la semana donde celebraremos la nochebuena y la navidad, donde le pediremos al Niño Dios, que colme nuestros hogares con esa luz de fe y esperanza, para que todos los proyectos sean viables, para que nuestras familias gocen de buena salud y para que seamos capaces de tender manos solidarias para de esa manera recibir manos solidarias y que el próximo año 2012 tengamos una propuesta de vida mejor, ya que todos la necesitamos para mirar un futuro con esperanza y alegría para todos; sin olvidar como dice el título de esta nota, adoptar no es una acto de beneficencia, sino un acto de amor, que solo pueden sentir los que llegan a entender lo que significa la adopción, y que no es otra cosa que brindarse de manera entera para que un niño crezca sanamente en una estructura familiar, de la que carecía antes de hablar sobre este tema.

 

Rodolfo Enrique Brizuela

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