domingo 8 de noviembre de 2026 11:19:03

UN ABRAZO DE FE Y ESPERANZA: LA ARGENTINA RECIBE A LEÓN XIV CON EL CALOR DE UN PUEBLO QUE CAMINA

Hoy, la Argentina entera abre sus brazos para recibir al papa León XIV. Han pasado casi cuatro décadas desde la última vez que un Sumo Pontífice pisó este suelo, y la expectativa no es la de un protocolo frío, sino la del reencuentro de una grey con su pastor.

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Por Jorge Victorero Director Multimedios Prisma

Domingo 8 de noviembre de 2026

Hay momentos en la historia de las naciones en los que las fronteras de la política, las ideologías y las tensiones cotidianas se desvanecen para dejar paso a lo esencial, el latido profundo de un pueblo que se reconoce en su fe, en sus dolores y en su esperanza inquebrantable. 

La memoria viva del querido papa Francisco
Es imposible cruzar el umbral de esta visita histórica sin que el corazón y la memoria vuelen hacia quien nos enseñó a mirar los cordones de la miseria con ternura y exigencia evangélica: nuestro inolvidable papa argentino, Francisco.

Aquel pastor que caminó las villas porteñas, que nos sacudió las modas intelectuales y la comodidad con su «hagan lío» y su defensa inclaudicable de los últimos, dejó una huella que el tiempo no borra. Recibir hoy a León XIV es también una forma de agradecer y honrar el legado eterno de Francisco.

Siento y sabemos que el nuevo Pontífice trae en su mirada el eco de ese mismo Evangelio hecho carne, de esa Iglesia en salida que no juzga desde el estrado, sino que cura las heridas en el barro de la historia.

Un pueblo que camina y que no baja los brazos

El pueblo argentino es un pueblo creyente. Lo demuestran las multitudes interminables que cada año caminan kilómetros hacia la basílica de Luján, las colas interminables frente a San Cayetano donde la fe se confunde con la dignidad del trabajo pedido y anhelado, y las manos callosas de millones de hombres y mujeres que se sostienen en comunidad cuando la economía aprieta y el futuro se vuelve incierto.

Para los trabajadores, para las familias que luchan por llegar a fin de mes, para los jóvenes que buscan un horizonte y para los abuelos que ya dieron todo, la llegada de León XIV significa un bálsamo espiritual.

Es la certeza de que no están solos.

Su palabra, guiada por la caridad y la justicia social, vendrá a recordarnos que la grandeza de una patria no se mide únicamente por la fría contabilidad de un superávit o los números de un gráfico financiero, sino por la fraternidad y por cómo tratamos al más vulnerable.

Recibirlo con el alma abierta
Que esta visita nos encuentre unidos en el afecto, con el respeto sagrado que caracteriza a nuestra gente.

Que las palabras de León XIV sacudan nuestras indiferencias y nos devuelvan la capacidad de abrazarnos por encima de las diferencias.

Bienvenido a la Argentina, Santo Padre. Aquí lo espera un pueblo sufrido pero noble, de fe profunda y brazos abiertos, dispuesto a escuchar su mensaje para volver a caminar, juntos, hacia una patria más justa, fraterna y en paz.