martes 27 de octubre de 2026 12:03:31

SANGRÍA LABORAL Y SALARIOS DESTRUCTIVOS: EL EMPLEO FORMAL CUMPLE 14 MESES EN CAÍDA Y EL MÍNIMO TOCA SU PISO HISTÓRICO

Los indicadores del mercado de trabajo ratifican la profunda asfixia del modelo económico actual. Con 370.000 puestos de trabajo formales destruidos desde la asunción de Javier Milei, la caída ininterrumpida en el sector privado y un salario mínimo real que perfora los pisos de las últimas dos décadas, la recesión golpea sin filtro el tejido social de la Argentina.

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Mientras el relato oficial insiste en blindar su hoja de ruta financiera y minimizar los cimbronazos externos, la economía real exhibe un panorama de tierra arrasada. Según los datos difundidos por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA-Conicet, el empleo asalariado formal completó en julio su decimocuarto mes consecutivo de contracción, acumulando una pérdida de 155.000 puestos en el último año y barriendo con 370.000 empleos registrados desde noviembre de 2023.

La sangría no distingue sectores, pero castiga con especial virulencia al motor industrial y a la construcción. El sector privado formal perdió más de 266.000 fuentes de trabajo en la era libertaria —retrotrayendo los niveles de empleo a los registros de 2014—, golpeando de lleno a distritos clave como la Provincia de Buenos Aires, que absorbe más de dos tercios de la destrucción mensual de puestos.

ANÁLISIS DE PRISMA 

El salario mínimo en el fondo del pozo: Fijado en $383.800 nominales, el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) acumula un desplome real del 40,8% frente a noviembre de 2023.

Su poder de compra se ubica en el nivel más bajo desde junio de 2003, por debajo de la crisis de 2001, y representa apenas un tercio de su máximo histórico de 2011.

Desacople recesivo:

El informe del IIEP desnuda una paradoja letal: mientras la macroeconomía muestra un rebote estadístico desparejo, el empleo privado formal profundiza su caída libre (más del 4%), reflejando que la recuperación financiera no derrama en la economía productiva ni en las familias.

El costo social del ajuste:

La licuación de ingresos y la destrucción de puestos estables alimentan la expansión de la informalidad y la pobreza estructural, pulverizando el poder adquisitivo de los asalariados mientras la Casa Rosada se atrinchera en un superávit fiscal financiero sostenido sobre el hambre y la parálisis del mercado interno.
La combinación de una recesión prolongada, la apertura de importaciones que asfixia a la industria nacional y la pérdida de competitividad frente a los vecinos regionales configura un escenario de extrema vulnerabilidad social, donde el ajuste ya no recorta grasas, sino que amputa los nervios vitales de la producción y el trabajo argentino.