ECONOMÌA Y POLÌTICA: EL COLAPSO DEL SALARIO MÍNIMO: EL PODER DE COMPRA RETROCEDE A NIVELES DE LA CRISIS DE 2002 Y QUEDA POR DEBAJO DE LOS AÑOS ’90
Un informe sobre la evolución de los ingresos reales encendió las alarmas económicas: el Salario Mínimo, Vital y Móvil sufrió un deterioro del 40,8% real, ubicando su capacidad de compra en guarismos comparables con la post-convertibilidad y un 12,3% por debajo del promedio de la convertibilidad en los noventa. La fijación de pautas por debajo de la canasta básica agrava el sobreendeudamiento de los hogares para cubrir gastos elementales.
Periodismo con precisión política y económica. Apoyá nuestra labor. Alias: MULTIMEDIOS.PRISMA
El deterioro de los ingresos de la población muestra un indicador crítico en la evolución del haber mínimo garantizado. De acuerdo con los últimos relevamientos técnicos sobre el poder de compra, el Salario Mínimo, Vital y Móvil atraviesa un proceso de licuación que lo sitúa en niveles similares a los peores registros de la crisis del año 2002 y un 12,3% por detrás del promedio registrado durante la década de 1990.
La pérdida acumulada en el poder adquisitivo —que supera el 40% en términos reales— responde a resoluciones oficiales que convalidaron aumentos escalonados por debajo de los índices de inflación minorista y del valor de la Canasta Básica Total que elabora el INDEC.
En las últimas reuniones del Consejo del Salario, la fijación del piso salarial por la vía del laudo gubernamental en torno a incrementos mensuales del 1,7% al 1,9% consolidó un techo que no alcanza a cubrir la mitad de los bienes y servicios necesarios para que un hogar no caiga en la pobreza.
Este retroceso histórico en el valor del haber mínimo ofrece la explicación macroeconómica a la crisis de consumo y al fenómeno del sobreendeudamiento que golpea a millones de familias. Ante ingresos reales congelados que retrocedieron más de dos décadas en términos de capacidad de compra, la clase trabajadora se ve forzada a apelar a tarjetas de crédito, préstamos personales y créditos de costo usurario para financiar alimentos, alquileres y servicios públicos.
La falta de un mecanismo de desahogo financiero a través de la banca pública prolonga la parálisis de las ventas de cercanía y acentúa el estancamiento de la economía real.